Hay que señalar que comparativamente con lo ocurrido en el año 2020 en la que la incidencia acumulada de casos (IA) a finales de abril estaba por debajo de 200 y el porcentaje de ocupación de UCIs cerca del 40%, y sin tener vacuna la COVID 19, en este momento después de un año y con vacuna la IA está en 550 y el porcentaje de ocupación de las UCIs en un 60%, es decir, o bien la vacuna no funciona o bien la vacuna es la responsable de esta IA y de las hospitalizaciones y UCIs.

Como era de esperar cuando las nuevas “vacunas” experimentales que no están aprobadas por la FDA y reciben autorización de uso de emergencia para combatir una “pandemia” que ahora tiene más de un año, las muertes reportadas después de las inyecciones de estas vacunas se han disparado en la población de los EE. UU. en más del 6000% al final del primer trimestre de 2021, en comparación con las muertes registradas después de las vacunas aprobadas por la FDA a finales del primer trimestre de 2020.

Dinamarca se ha convertido en el primer país en detener permanentemente el uso de la vacuna COVID-19 de AstraZeneca debido a su posible vínculo con casos muy raros de coágulos de sangre. La autoridad sanitaria danesa dijo el miércoles que, tras su propia revisión, el programa de vacunación en el país continuaría sin la utilizar en ningun caso la vacuna de AstraZeneca , ya que advirtió de un “riesgo real de efectos secundarios graves”.

En documentos oficiales publicados por el gobierno del Reino Unido, los modelos de previsión de la “tercera ola” de COVID-19 predicen que las tasas de hospitalización y muertes por esta enfermedad serían “dominadas” por personas que ya han sido vacunadas. El resurgimiento tanto de las hospitalizaciones como de las muertes estará dominado por aquellos que han recibido las dos dosis de la vacuna, en alrededor del 60% y el 70%, respectivamente. Esto se puede atribuir a que los fallos en la inmunización representan una enfermedad más grave que [el COVID-19] en las personas no vacunadas

El principio del confinamiento de las poblaciones sanas fue concebido en 2004 por el entonces ‎secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, y su objetivo no era luchar contra ‎ninguna enfermedad sino provocar un desempleo masivo para militarizar las sociedades ‎occidentales [1]. Ese principio de confinamiento de las poblaciones sanas ‎fue difundido en Europa por el doctor Richard Hatchett, entonces consejero de Salud en ‎el Pentágono y hoy presidente de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para ‎Epidemias (CEPI, siglas en inglés). Fue además el doctor Richard Hatchett quien inició la moda de ‎referirse a la epidemia de Covid-19 como si fuese una guerra, imponiendo sencillamente la ‎expresión «¡Estamos en guerra!», inmediatamente retomada por el presidente de Francia, ‎Emmanuel Macron. ‎