Como todos los buenos locos, los bancos y los comerciantes financieros, incapaces de asumir ninguna responsabilidad por sus propias acciones y de adherirse fielmente a su engreída retórica antigubernamental, culparon escandalosamente a los gobiernos de la crisis que habían causado. Se salieron con la suya. Casi ningún financiero fue a la cárcel y continuaron con su libertinaje del sistema