Como todos los buenos locos, los bancos y los comerciantes financieros, incapaces de asumir ninguna responsabilidad por sus propias acciones y de adherirse fielmente a su engreída retórica antigubernamental, culparon escandalosamente a los gobiernos de la crisis que habían causado. Se salieron con la suya. Casi ningún financiero fue a la cárcel y continuaron con su libertinaje del sistema

Al mandar al cierre forzado y totalitario de las actividades económicas de los pequeños y medianos empresarios y comerciantes la mayoría de los paises no estaban «siguiendo la ciencia», la cienca no ha dicho que se hagan cuarentenas masivas. La conclusión más lógica que se puede sacar es que el virus ha sido exagerado para que las grandes empresas puedan tragarse la mayor cantidad posible de pequeñas empresas y para que la clase dominante pueda avanzar con su cuarta revolución industrial o «gran reinicio» a un ritmo rápido.

Todo esto encaja en una agenda que ha sido planificada durante décadas por antiguas familias adineradas como las de los Rockefeller y Rothschild. Brzezinski lo llamó el fin del estado nación soberano. David Rockefeller lo llamó «un gobierno mundial». George H.W. Bush en 1990 lo llamó el Nuevo Orden Mundial. Ahora podemos ver mejor lo que planean imponer si lo permitimos.