Un equipo de más de 1.000 abogados y más de 10.000 expertos médicos, dirigido por el Dr. Reiner Fuellmich, ha iniciado un proceso judicial por crímenes contra la humanidad contra los CDC, la OMS y el Grupo de Davos. Fuellmich y su equipo presentan como fraude las pruebas PCR incorrectas, y las muertes por comorbilidades etiquetadas como ‘muertes por Covid’. La prueba PCR no fue diseñada para detectar patógenos y es 100% inexacta a los 35 ciclos. Todas las pruebas de PCR supervisadas por el CDC se fijan en 37 a 45 ciclos. El CDC reconoce que las pruebas de más de 28 ciclos no permiten un resultado positivo fiable. Esto invalida más del 90% de los supuestos casos/”infecciones” de Covid detectados por el uso de esta prueba inadecuada. Además de las pruebas incorrectas y los certificados de defunción fraudulentos, la propia vacuna “experimental” viola el artículo 32 de la Convención de Ginebra. Más recientemente, en una entrevista con el Dr. Fuellmich se acusa al director de la OMS, Tedros Adhanom, al Dr. Christan Drosten, jefe de virología del Hospital Charité de Berlín, al Dr. Lothar Wieler, jefe del RKI, y a su homólogo Antony Fauci del Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos, de engañar a los gobiernos de todo el mundo.

Los eminentes virólogos Angus Dalgleish y Birger Sørensen afirman haber encontrado en las muestras de COVID-19 “huellas de manipulación” que solo podrían haber surgido de la modificación de un virus en un laboratorio. Estos resultados están contenidos en un explosivo artículo de 22 páginas que será próximamente publicado en la prestigiosa revista cientifica británica “Quarterly Review of Biophysics Discovery”. Los investigadores concluyen que “el SARS-Cov-2 no tiene un ancestro natural creíble” y que “está más allá de toda duda razonable que el virus se creó mediante manipulación de laboratorio”.