Contrario a lo que pretenden hacer ver los grandes medios de desinformación global, los datos concretos de la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) evidencian que las zonas del mundo donde el COVID-19 ha producido una mayor cantidad de muertes por habitantes son Europa, Estados Unidos y Brasil. Con excepción de este último país, las dos regiones más ricas y “desarrolladas” del planeta tierra (Europa y Estados Unidos) son las regiones donde las tasas de muertes por cada 100 mil habitantes son notablemente superiores a las del resto del mundo. La media ponderada de muertes por cada 100 mil habitantes, en Estados Unidos y Europa (el “occidente desarrollado”) es de 143 personas muertas con COVID-19 por cada 100 mil habitantes, mientras que en las regiones más pobres de Asia y Africa, esta tasa es de 12 y 9 personas, respectivamente.

La publicación titulada “Chemical characterization of essential oil of Artemisia herba-alba asso and his possible potential against covid-19” del JOURNAL OF ANALYTICAL SCIENCES AND APPLIED BIOTECHNOLOGY asegura que el isotimol (Carvativir) es un inhibidor funcional de la actividad ACE2, lo que sugiere que los componentes del aceite esencial pueden usarse como inhibidores potenciales del ACE2 del receptor SARS-CoV-2.

Si hoy en Venezuela, con una tasa de contagios del 0,5% de la población, tenemos 1350 nuevos casos diarios con 20 fallecidos, en el caso de aumentar en sólo un 1,5%, la cantidad diaria de muertes se multiplicaria por 13 hasta alcanzar unas 270 personas al día. Para evitar un desastre sanitario en Venezuela, con cantidades cercanas a los 300 muertos diarios, y mantener los contagios en niveles de seguridad, al menos no mayores a los actuales, parece evidente que apelar al uso de Ivermectina y Carvativir.

El principio del confinamiento de las poblaciones sanas fue concebido en 2004 por el entonces ‎secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, y su objetivo no era luchar contra ‎ninguna enfermedad sino provocar un desempleo masivo para militarizar las sociedades ‎occidentales [1]. Ese principio de confinamiento de las poblaciones sanas ‎fue difundido en Europa por el doctor Richard Hatchett, entonces consejero de Salud en ‎el Pentágono y hoy presidente de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para ‎Epidemias (CEPI, siglas en inglés). Fue además el doctor Richard Hatchett quien inició la moda de ‎referirse a la epidemia de Covid-19 como si fuese una guerra, imponiendo sencillamente la ‎expresión «¡Estamos en guerra!», inmediatamente retomada por el presidente de Francia, ‎Emmanuel Macron. ‎