Los orates que en Estados Unidos quieren provocar una confrontación bélica con China, quieren empezar por “desacoplar” la economía de Estados Unidos y la de China. Para ese fin, el Departamento de Estado y el Departamento de Comercio anunciaron la inclusión de 24 importantes empresas chinas (que tienen actividades en todo el mundo) en la “lista de entidades” que no pueden realizar actividades en Estados Unidos, ni en ningún otra parte del mundo que Estados Unidos diga. El gobierno de Estados Unidos acusa a China de “actos malignos”, en particular mediante sus proyectos de infraestructura de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y su defensa de su soberanía en el Mar de China Meridional. Ya la embajadora de EU en Costa Rica amenazó al gobierno de ese país que tiene que dar por terminados los proyectos viales y portuarios que se llevan a cabo en Costa Rica con la participación de empresas constructoras chinas.

El quiebre financiero de los Estados Unidos no es ya un tema de especulación ni de teorías de conspiración, sino que es un hecho consumado cuyo desenlace en los próximos años o, incluso, meses traerá graves consecuencias a la economía global. La crisis global actual tiene que verse en conjunto: la crisis financiera, el colapso económico, la pandemia, el peligro de guerra, que son cosas que no se pueden resolver a nivel regional, ni tomando un problema a la vez. Ante esta realidad, como podría suceder en una partida de dominó perdida en la que uno de los jugadores tumba la mesa barriendo las piezas para no afrontar la vergonzosa derrota, parece haber un sector del estado profundo de EE. UU buscando evitar la deshonrosa quiebra a través de una guerra total abierta y nuclear contra su rival económico, la república popular China.