En definitiva, el abordaje de la “pandemia” de COVID-19 a través de confinamientos forzados y cierres masivos de las pequeñas y medianas empresas, con un enfoque “médico” basado únicamente en vacunas de ARN mensajero para la edición genética como única solución o panacea, sin considerar tratamientos terapéuticos convencionales que fácilmente mejorarían la condición de los enfermos, es una prueba de este tipo de edictos de fe de la nueva religión cientificista que sustenta la superestructura de poder de la aristocracia digital-financiera, y ya veremos por qué.

Por nuestra condición de país tropical, la mayoría de las personas en Venezuela pasan por alto que nuestro territorio cumple con ciclos estacionales de temperatura que impactan directamente en el consumo eléctrico y esto, a su vez, en la tasa de fallas y consecuentes racionamientos. Desde el año 2012, he venido estudiando la estacionalidad de las fallas y puedo afirmar, sin lugar a duda, que la tasa de fallas y los racionamientos cumplen un calendario preciso de acuerdo con la estacionalidad y variabilidad climática de nuestro país. Esto es así desde el año 2012 debido a que es desde ese año que el margen de reserva en generación se ha hecho mínimo, o cero, y la demanda se ha igualado a la capacidad de generación durante las fechas de menor consumo (octubre a febrero).