En el fallido magnicidio contra la vicepresidenta argentina hay un patrón neo-nazi

Septiembre de 2022 (EIRNS).- El intento de asesinato a la vicepresidente de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, la noche del jueves 1º de septiembre, en la calle frente al edificio de apartamentos donde vive en la capital de Buenos Aires, dejó conmocionado al país. Al día siguiente se produjeron manifestaciones masivas de apoyo sin precedentes en la capital (con un millón de personas en la calle) y en otras ciudades del país. El intento de asesinato fracasó porque el presunto asesino, Fernando Sabag Montiel, de 35 años, nacido en Brasil pero nacionalizado argentino, disparó dos veces a la cara de Fernández a quemarropa, pero su pistola Bersa calibre 32 no se disparó; si lo hubiera hecho, Cristina Fernández habría muerto al instante.

El Presidente Alberto Fernández dio un discurso esa misma noche por la televisión nacional, en el que declaró que el ataque contra la vicepresidente es el peor incidente que haya ocurrido en el país desde el retorno de la democracia en 1983, un hecho de “extrema gravedad institucional”. Anunció que el viernes no habría actividades normales, y que el país se cerraría de hecho para que la gente pudiera salir a la calle a mostrar su apoyo “en paz y armonía”. El país funciona ahora en modo de emergencia.

Tanto argentinos como observadores extranjeros tienen la tentación de atribuir este hecho a la política interna. Sería un trágico error empeñarse en ello. Sí, la situación interna es muy volátil. Fernández de Kirchner, dos veces Presidente y dirigente política firme por derecho propio, ha estado en el centro del debate público en las últimas dos semanas, a raíz de que un fiscal de pacotilla pidiera su encarcelamiento por 12 años y su exclusión de la política de por vida por falsos cargos de corrupción. Los medios noticiosos y el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, dirigida por la oposición política de derecha, han alimentado deliberadamente un ambiente de hostilidad contra la vicepresidente, mientras sus partidarios se manifestaban en su defensa por todo el país. La polarización es muy intensa.

Sin embargo, no hay nada interno en este caso. El patrón que se desprende de las primeras investigaciones es el mismo que se vio en el tiroteo de Búfalo, Nueva York, en mayo de este año; o en la masacre de la mezquita de Christchurch, Nueva Zelanda, en marzo del 2019; en cuyos casos los perpetradores fueron neonazis admiradores del Batallón Azov de Ucrania.

Sabag Montiel, un individuo lumpenizado, con empleo eventual de vez en cuando, lleva tatuados los símbolos del Batallón Azov nazi, el “Sol Negro” (Sonnenrad, en alemán), la esvástica Azov, y también la Cruz de Hierro nazi. Su página de Facebook revela que admira a varios grupos neonazis y ocultistas, y antiguos amigos lo describen como alguien que mostraba un comportamiento errático e irracional, admirador fanático de la música “death metal”; violento, pero también había sido víctima de abuso en la escuela y “a menudo marginado”. La policía allanó su apartamento y descubrió un alijo de 100 balas para su pistola Bersa. Anteriormente ya había sido arrestado por posesión ilegal de un arma.

Los mensajes de apoyo a Fernández de Kirchner han llegado al país desde toda Iberoamérica y el Caribe y otras partes del mundo, de jefes de Estado actuales y anteriores, dirigentes políticos, legisladores y otros. Joe Biden y el Secretario de Estado, Tony Blinken, enviaron mensajes personales, igual que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres y el Papa Francisco, que habló por teléfono con la vicepresidente.

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