La inquisición cientificista entorno al COVID-19 y la aristocracia digital-financiera

El COVID-19 ha puesto en evidencia la realidad de un sistema que ha ido progresivamente avanzando hacia la imposición de un pensamiento único sustentando, presuntamente, en las “verdades científicas”. En este sentido, la élite ha convertido a la “ciencia”, en abstracto, en el arma arrojadiza más efectiva en manos de los grandes medios de desinformación para desacreditar la posición de la disidencia política y social, al sistema dominante. Es evidente que la ciencia, en si misma, es una herramienta fundamental para el progreso de la sociedad y así lo han entendido cientos de millones de personas en el mundo, pero una cosa es la ciencia real y otra la “religión cientificista” que han construido los grandes medios de desinformación para justificar toda clase de disparates anacrónicos en los ámbitos político, económico, social y sanitario de la vida humana provocando la debacle autoinducida del sistema socioeconómico que hoy estamos padeciendo en todo el planeta. Al cientificismo ya se le ha identificado como un mito tan pernicioso como cualquier otra clase de fundamentalismo, debido a los posibles peligros de caer hacia un reduccionismo excesivo en todos los campos del saber humano. Sin embargo, como en todas las religiones, el extremismo resulta ser evidencia de la misma negación de sus propias posturas radicales. De tal manera que este fundamentalismo cientificista, empleado como religión base para la superestructura que sustenta ideológicamente a la dominación de una clase financiera sobre una enorme masa de ciudadanos oprimidos moral, laboral e ideológicamente, termina siendo la mas sórdida negación de la ciencia que dice defender con rabioso radicalismo fundamentalista. Esto lo podemos ver con claridad en las ideologías de género, ideologías fundamentalistas del libre mercado y las ideologías pseudo-médicas de la alopatía sanitaria, que es la expresión más cínica de la “ciencia” ideológicamente afín al sistema de dominación capitalista digital-financiero.

En definitiva, el abordaje de la “pandemia” de COVID-19 a través de confinamientos forzados y cierres masivos de las pequeñas y medianas empresas, con un enfoque “médico” basado únicamente en vacunas de ARN mensajero para la edición genética como única solución o panacea, sin considerar tratamientos terapéuticos convencionales que fácilmente mejorarían la condición de los enfermos, es una prueba de este tipo de edictos de fe de la nueva religión cientificista que sustenta la superestructura de poder de la aristocracia digital-financiera, y ya veremos por qué.

En junio de 2020, ya habían cerrado 3 millones de pequeñas empresas estadounidenses, el 40% de los empleos perdidos durante la pandemia desaparecieron para siempre y se pueden ver patrones similares en otros países. Mientras tanto la riqueza de los multimillonarios ha aumentado este año 2020 desde fines del invierno o principios de la primavera, incluso después de una gigantesca caída del mercado de valores.

La destrucción de la clase media y trabajadora

A lo largo del año pasado se perdieron 255 millones de empleos a tiempo completo debido a las medidas de restricción de la movilidad en las grandes ciudades, encierros forzados de la población económicamente activa, y sana, y cuarentenas que incidieron negativamente, particularmente, en las zonas de clase media y trabajadora de las grandes ciudades. Esta pérdida es aproximadamente cuatro veces mayor que la que provocó la crisis financiera mundial del año 2009. Sin embargo, no a todos les ha ido mal con las medidas de estrangulación de la clase media y trabajadora, con la excusa de la pandemia de COVID-19. Las ganancias de Wall Street aumentaron más del 80% el 2020 y a las grandes empresas de tecnología les está yendo mejor que nunca, las corporaciones más grandes no dejaron de funcionar durante la pandemia o se les pagó como parte de un programa de reserva federal que les dio a las empresas más grandes en el país 500 mil millones de dólares en ayudas. Mientras que en las actividades de la economía real como la producción industrial y el comercio minorista, regional, nacional e internacional la tasa de ocupación se redujo en más del 20%, la tasa de ocupación en el sector de la información y la comunicación, así como en el de la banca, finanzas y los seguros, la ocupación aumentó. Y estos sectores improductivos ni siquiera estaban obligados a preservar puestos de trabajo para obtener el dinero de las ayudas gubernamentales que les permitieron aumentar sus ganancias y crecer durante la pandemia. Se están llevando a cabo rescates similares en todo el mundo, a grandes corporaciones, sin que la gente se entere de esto. Además, la destrucción de la industria y pequeña empresa abre más oportunidades monopolistas para las empresas más grandes del mundo a medida que su competencia se reduce y, por ende, su participación de mercado crece. La riqueza de los multimillonarios ha aumentado este año 2020 desde fines del invierno o principios de la primavera, incluso después de una gigantesca caída del mercado de valores. Mientras tanto, en junio de 2020, ya habían cerrado 3 millones de pequeñas empresas estadounidenses, el 40% de los empleos perdidos durante la pandemia desaparecieron para siempre y se pueden ver patrones similares en otros países.

Las ganancias de Wall Street aumentaron más del 80% el 2020 y a las grandes empresas de tecnología les está yendo mejor que nunca, las corporaciones más grandes no dejaron de funcionar durante la pandemia o se les pagó como parte de un programa de reserva federal que les dio a las empresas más grandes en el país 500 mil millones de dólares en ayudas.

Pero el drama de la pérdida de 255 millones de empleos perdidos quizás no es suficiente para hacer despertar a muchos de los lectores de este artículo y, por eso, creo pertinente explicar un poco más lo que esto significa. El 10 de diciembre pasado, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) informó que las medidas arbitrariamente tomadas por gobiernos manipulados por dogmas no comprobados de medidas draconianas para confinar y encerrar a miles de millones de personas en sus casas con la excusa de “prevenir la pandemia del coronavirus”, han empeorado “exponencialmente” el hambre en el mundo y actualmente, 270 millones de personas están “marchando hacia la inanición”.  De esos 270 millones, 30 millones dependen directa y exclusivamente de la ONU para poder sobrevivir. “Por otro lado, hay 400 billones de dólares de nueva riqueza en nuestro mundo de hoy. Incluso en el apogeo de la pandemia de COVID, en solo 90 días se crearon 2,7 billones adicionales de riqueza y solo necesitamos 5.000 millones para salvar 30 millones de vidas de la hambruna” dijo el director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, David Beasley. De nada de esto se habla en los grandes medios de desinformación global en manos de las grandes corporaciones digitales y financieras del mundo, que censuran y dictaminan que se debe saber y que no se debe saber, incluyendo que deben y no deben decir incluso los presidentes de los países más poderosos del mundo. Lo único que importa parece ser esperar encerrados en casa, sin empleo, sin actividad industrial, viendo series de NETFLIX, HBO y/o Amazon y pidiendo comida por servicios de delivery hasta que vengan a inyectarnos a todos con una vacuna experimental de ARN mensajero que más tiene que ver con un masivo experimento de ingeniería social que con una verdadera intención de prevención de la propagación del COVID-19.

Bueno pero el confinamiento era lo único que se podía hacer ¿o no?

No, no es lo único que se podía hacer. Sin embargo, lo que sucedió es que los medios de desinformación masiva nos dijeron que “los expertos científicos” estaban todos de acuerdo en que había que dar órdenes de quedarse en casa a toda la gente (sana, enferma, con psicopatologías, con dependencia, con necesidad de insulina, con necesidad de diálisis, con cáncer, ancianos, niños, etc. Todos a quedarse en casa porque salir era igual a morir). Pero, la verdad es que los expertos que están pidiendo el cierre total de la economía son una minoría, y muchos de los prominentes que los piden públicamente han ido y venido o están claramente motivados política o financieramente por algún vínculo con algunas empresas farmacéuticas. Lo que ha pasado es que los medios se encargaron muy astutamente de hacerle creer al público que cualquiera que estuviera en contra de estas medidas absurdas de confinamiento total, era parecido a un terraplanista, un creyente en los extraterrestres y los antiguos astronautas o a un negacionista del cambio climático que no respetaba la ciencia, o quizás era simplemente un psicópata o un terrorista al que había que encarcelar o encerrar en un manicomio. Es decir, la religión del cientificismo oficial había dictaminado un dogma de fe y todo aquel que se atreviera a cuestionar este dictamen del concilio sacrosanto de “los expertos científicos” era un hereje digno de la hoguera del linchamiento social y la condena y escarnio público. El consejo editorial del New York Times dijo que este era un problema de nivel de la Segunda Guerra Mundial que merecía un nivel igual de compromiso nacional. Sin embargo, un científico hereje, el profesor de Stanford John Ionniadis, uno de los expertos en enfermedades infecciosas más citados del mundo, calificó en marzo de 2020 a esta campaña de desinformación masiva como un “fiasco de evidencia única en un siglo”.

La realidad es que todo esto fue una farsa, no estábamos y no estamos lidiando con nada comparable ni a la gripe española de 1918, a la que ni de lejos se parece ni en datos ni en letalidad ni en peligrosidad; tampoco es que el Sars-COV-2 sea más letal que la influenza asiática de 1957 ni tampoco es más letal que la gripe de Hong Kong de 1968 y lo datos estadísticos lo demuestran con claridad, la ciencia lo demuestra con claridad, como hemos publicado en tres artículos previos en la web de Soberanía Venezuela. Estábamos y estamos lidiando con algo más parecido a una mala temporada de gripe en algunas partes del primer mundo, y muy leve en la otra mayor parte de él (¿o es que acaso no sabía usted que todos los años se colapsan los sistemas sanitarios en España e Italia por la influenza estacional del invierno?), otra cosa es lo que establezca la fe en la nueva religión del cientificismo global, eso ya es otra cosa. Los informes de hospitales repletos en puntos calientes del covid-19 como Nueva York o ciudades del norte de Italia tampoco se dieron en contexto, esos son lugares que constantemente tienen hospitales saturados durante el invierno. Otro factor importante es la subestimación y la incomprensión de la influenza o “la gripe”. Para empezar, no hay solo una gripe, hay muchas cepas de influenza, algunas más mortales que otras. Nosotros, la gente común fuera de la comunidad médica, simplemente los llamamos gripe. Muchas cepas de influenza también son más mortales que el 0,1%, de la gripe más común, según muchos expertos. La red alemana de medicina basada en la evidencia y el ministerio de salud alemán dicen que en la temporada de gripe 2017/2018 la tasa de mortalidad por infección con influenza fue de .4 a .5%. Otro aspecto llamativo es que, al comienzo de la pandemia y en menor medida ahora, la gente se ha referido a este virus como “EL” coronavirus. Esto es extremadamente engañoso y hace que el Covid-19 parezca más único y mortal de lo que en realidad es y esto es lo que provoca pánico. No solo no es que exista un único coronavirus, sino que ni siquiera es el coronavirus más mortal. El SARS y el MERS, ambos coronavirus que se han tratado en los últimos 20 años, son mucho más mortales que el Covid-19.

La mayoría de los expertos y los artículos científicos revisados ​​por pares no pedían cuarentenas masivas ni órdenes de “quedarse en casa”. La mayoría de los países del primer mundo no estaban “siguiendo la ciencia”, “la ciencia” no ha dicho que se hagan cuarentenas masivas. La realidad, es que los tres más grandes expertos en epidemiología del mundo entero están en contra de estas medidas draconianas impuestas por la aristocracia digital-financiera a través de su religión cientificista.

La mayoría de los expertos y los artículos científicos revisados ​​por pares no pedían cuarentenas masivas ni órdenes de “quedarse en casa”. La mayoría de los países del primer mundo no estaban “siguiendo la ciencia”, “la ciencia” no ha dicho que se hagan cuarentenas masivas. La realidad, es que los tres más grandes expertos en epidemiología del mundo entero están en contra de estas medidas draconianas impuestas por la aristocracia digital-financiera a través de su religión cientificista. En la declaración de “Great Barrington” se propone un nuevo enfoque para el tratamiento social del COVID-19, centrado en la atención de las poblaciones más vulnerables. Como epidemiólogos de enfermedades infecciosas y científicos de salud pública, estos tres eminentes expertos se preocupan mucho por los impactos dañinos en la salud física y mental de las actuales políticas públicas vigentes contra el COVID-19, y recomiendan un enfoque diferente que llaman Protección Enfocada. Sin embargo, este enfoque ha sido ridiculizado y aislado mediáticamente al estilo de la santa inquisición y sus proponentes han sido tratados como herejes dignos de la hoguera. Pero la verdad es que, a nivel mundial, se están presentando más muertes adicionales por otras enfermedades desatendidas que por el Covid-19 en sí. Muchas más muertes por malaria, VIH y tuberculosis. El aumento de las muertes por inanición en todo el mundo también superará en número a las muertes por Covid-19. En el primer mundo, habrá muchas muertes evitables debido a cosas como exámenes de detección de cáncer perdidos y a una gran caída en las donaciones de sangre. Ya ha habido muchas muertes por personas que tienen demasiado miedo para buscar atención debido al Covid-19 y mueren de un derrame cerebral o un ataque cardíaco. Aparte de todas las muertes que estas restricciones han causado, también están los efectos a largo plazo de un colapso económico sin precedentes en todo el mundo. Al mandar al cierre forzado y totalitario de las actividades económicas de los pequeños y medianos empresarios y comerciantes la mayoría de los países no estaban siguiendo la ciencia. La conclusión más lógica que se puede sacar es que el virus ha sido exagerado para que las grandes empresas puedan tragarse la mayor cantidad posible de pequeñas empresas y para que la clase dominante pueda avanzar con su cuarta revolución industrial o “gran reinicio” (el “Gran Reseteo” propuesto por el foro económico mundial de Davos) a un ritmo acelerado que tiene como horizonte de culminación el año 2030. Todo esto aparte de las razones políticas o personales, como el hecho de que el pánico vende y a algunas personas les gusta estar en la televisión siguiendo las pautas impuestas por los grandes medios y usando sus cualificaciones para prestar un servicio pagado al discurso oficial de los más poderosos y así ganar favores económicos, sociales o políticos. También puede haber grandes conflictos de intereses, por ejemplo, con empresas farmacéuticas que apuestan su capital a la implantación de una vacunación masiva y forzada absolutamente peligrosa y quizás innecesaria. Esto fue resumido recientemente por el editor en jefe de la revista médica británica de la siguiente manera: “Se está suprimiendo la ciencia para obtener beneficios políticos y económicos. El Covid-19 ha desatado la corrupción estatal a gran escala y esto es perjudicial para la salud pública”.

Reflexión final: Se acerca el momento en que artículos como este sean censurados y su autor sea tildado de conspiranoico, psicópata, hereje al pensamiento científico oficial o quizás terrorista comunicacional. La censura está avanzando a pasos agigantados llegando al colmo de invisibilizar al mismísimo presidente de los Estados Unidos, el ex mandatario de esa nación Donald Trump, quien siempre fue bastante critico de las políticas de confinamiento y las denunció con vehemencia al principio de esta “pandemia”. Sin embargo, estaremos exponiendo nuestro punto de vista siempre que se pueda, hasta que se pueda y en cualquier oportunidad que se pueda, pero la libertad de expresión peligra y de esa censura he sido ya victima en diversas oportunidades a través de mi canal de YouTube (Soberanía Venezuela) y algunos portales de la pseudo-izquierda “progresista” afín a los grandes medios al servicio de la izquierda oficial global financiada en última instancia por los mismos intereses financieros de siempre. Sin embargo, termino como en un articulo anterior “no podemos optar entre vencer o morir, necesario es vencer” (José Felix Ribas).


Alejandro López-González es Doctor en Sostenibilidad (Cum-Laude) por la Universitat Politècnica de Catalunya. Profesor Invitado de la Universidad del Zulia (Venezuela) y La Universidad de Sancti Spiritus “José Martí” (Cuba). Fue profesor asociado en la Escuela Superior de Ingenierías Industrial, Aeroespacial y Audiovisual de Terrassa (Cataluña, España). Ha publicado más de media docena de artículos cientificos en revistas de primer nivel internacional referentes a los aspectos socioeconómicos y ambientales del acceso universal a la energía, en el mundo en desarrollo. Es articulista en diversos medios digitales en asuntos relativos a la energía y geopolítica. Es administrador del canal Soberanía & S.V y de la página Web Soberanía Venezuela.