El nuevo fascismo verde toma el poder en Estados Unidos

El lunes 11 de enero del presente año, los demócratas introdujeron las acusaciones para un juicio político, en donde declaran que haber denunciado el fraude electoral de la elección del 3 de noviembre es una delito que amerita juicio político. El miércoles, 13 de enero, la mayoría demócrata aprobó el juicio político prácticamente sin escuchar las objeciones. Al mismo tiempo, introdujeron un proyecto de ley para sacar del Congreso a todos los republicanos que hayan denunciado el fraude electoral, basándose en la 14ava Enmienda, la cual se diseñó para evitar que los dirigentes confederados que habían participado en la insurrección en contra de la Unión llegaran a ser congresistas, ¿Entienden? Según los demócratas, oponerse al fraude electoral es lo mismo que llevar a cabo una guerra sangrienta de cuatro años en contra de la Unión Americana, en respaldo de la esclavitud y del libre comercio. Mientras tanto, los demócratas y muchos republicanos y, por supuesto, los medios de comunicación aplauden a viva voz el hecho de que las mayores redes sociales le han negado acceso al presidente de los Estados Unidos, con lo que, en esencia, coartan el derecho de sus 73 millones de seguidores a poder escucharlo. Están destrozando a la 1ª Enmienda, y también a la Constitución misma, que contemplan las garantías de la libre expresión en Estados Unidos.

Por otra parte, el mundo está conmocionado. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, le dijo al mundo que Estados Unidos está perdiendo su libertad y que se está formando una nueva “Santa Inquisición”, lo cual representa un peligro para el mundo entero. Un sentimiento similar se ha dejado escuchar en otras partes del mundo. Mientras tanto, los banqueros de la City de Londres y de Wall Street están implementando el Gran Reajuste, el “reinicio” en el sistema financiero mundial (como lo calificó el ex jefe del Banco de Inglaterra, Mark Carney) para convertirlo en el brazo ejecutor de un mundo postindustrial bajo la égida del Nuevo Trato ambientalista, para negarle crédito a la mayoría de la industria, que aún funciona con combustibles fósiles, y a la agricultura más avanzada tecnológicamente. Este modelo se basa en sistema planetario que solo puede sostener a entre mil y dos mil millones de personas ¿Saben las ONGs ecologistas y demás promotores de la agenda verdad que esto es así? No solo lo saben, es su intención. Como dijo el príncipe Felipe, de infausta memoria: “El crecimiento de la población humana es probablemente la amenaza particular más grave a largo plazo para la supervivencia. Si no se frena, nos dirigimos hacia un gran desastre, no solo para el mundo natural, sino para el mundo humano. Entre más gente hay, más recursos consumirán, más contaminación generarán, y más lucharán. No tenemos ninguna opción. Si no se le controla voluntariamente, se controlará involuntariamente por medio de un aumento en las enfermedades, la hambruna y la guerra”.

Para esta oligarquía, llegó el momento de aplastar cualquier procura del progreso, y eso significa el Nuevo Trato ambientalista con el que se apoderarían de Estados Unidos bajo el liderazgo mediocre del senil de Joe Biden. No están corriendo riesgos, y se han lanzado a despedazar la Constitución de EU para silenciar cualquier oposición a sus delirios. Estos genocidas enfrentan otra amenaza que no tiene nada que ver con Trump, y es quizás mucho más seria: China. No solamente es China la primera nación en la historia que elimina la pobreza abyecta, mediante la creación de infraestructura para el desarrollo y la educación científica y cultural universal, sino que están llevando ese método (que se conocía como el “Sistema Americano”) al resto del mundo a través de la Nueva Ruta de la Seda, la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Muchas naciones en todo el sector en desarrollo, e incluso en Europa, han ridiculizado el esfuerzo del orate de Mike Pompeo por unir al mundo en contra de China por ser una amenaza a “nuestro modo de vida” y al “Estado de derecho”.

En noviembre pasado, las naciones asiáticas se unieron a China para crear un sistema de comercio justo, llamado Asociación Económica Integral Regional (AEIR). En diciembre, la Unión Europea firmó un “Acuerdo Integral sobre Inversiones” para ampliar el comercio muto y las inversiones con China. Las naciones de África y de Sudamérica ven hacia China en busca de la ayuda para el verdadero desarrollo que les ha negado el FMI y el Banco Mundial con sus dictados de austeridad.

La oligarquía angloamericana no está muy contenta con eso. Con Pompeo como su sicario más prominente, esa oligarquía está dispuesta a correr el riesgo de ir a la guerra contra China, nuclear incluso, para aplastar a la Franja y la Ruta. Pompeo no solo ha dirigido la imposición de sanciones expansivas a las compañías y personalidades chinas (sanciones que han hecho más daño a las empresas estadounidenses que a China) sino que ahora ha declarado a la política de “Una China”, que ha sido la base de las relaciones pacíficas y de la colaboración durante los últimos cincuenta años. Pompeo eliminó todas las condiciones especiales que regían las relaciones entre Estados Unidos y Taiwán, para tratar a Taiwán como una nación independiente, en esencia, en vez de honrar la política de “Un país, dos sistemas” que ha mantenido la paz y la prosperidad en la región, con lo cual Pompeo, a nombre del gobierno de Estados Unidos, amenaza uno de los intereses centrales de China: su soberanía. Pero China no va a huir del peligro de guerra cuando se ponga en riesgo su soberanía.

Hay que tener en mente lo que decía Bertrand Russell sobre los fundamentos ideológicos del imperio, que conservan su validez. Para hacerse cargo del problema de la sobrepoblación, decía el malthusiano de Rusell: “La guerra ha sido hasta hoy decepcionante, pero quizás la guerra bacteriológica resulte más efectiva. Si se pudiera propagar una Peste Negra por todo el mundo una vez en cada generación, los sobrevivientes podrían procrear libremente sin llenar tanto al mundo”. Por supuesto, con la llegada de las armas nucleares, Lord Russell se volvió más confiado en que la guerra podría matar suficiente gente como para resolver el problema, por lo cual abogó por que Estados Unidos lanzara una guerra nuclear contra Rusia antes de que Rusia pudiera construir su bomba.

Existe una solución real a esta crisis existencial. La pandemia ha amenazado las vidas de millones de personas, no solo con la muerte causada por el virus, sino por la muerte ocasionada por la inanición. Nunca el mundo se ha visto en la necesidad de la cooperación internacional para enfrentar una crisis que amenaza al mundo entero. La presidente del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, ha iniciado esa cooperación, en base a abordar la crisis de salud desesperada que enfrentan todas las naciones, ricas y pobres, debido a la desintegración de la salud pública en el sector avanzado durante décadas de “privatización”, y a la negación de las instalaciones de salud pública a grandes partes de África y Asia por las “condicionalidades” del FMI. Ninguna nación por si sola puede resolver esta crisis. En lugar de la guerra y del nuevo fascismo que ahora amenaza a Estados Unidos, le hacemos un llamado al Presidente Trump a que emplee sus últimos días en la Casa Blanca para que llame a los Presidentes Xi Jinping de China y Vladimir Putin de Rusia, y a otras naciones de buena voluntad, a unir fuerzas con Estados Unidos en una campaña global para construir instalaciones de salubridad modernas en todas las naciones de la Tierra. Hacemos un llamado a todos los ciudadanos a que se unan al “Comité por la Coincidencia de los Opuestos” de Helga Zepp-LaRouche, para abordar esta crisis de salubridad y de alimentos como punto de partida para un nuevo paradigma para la humanidad.

TOMADO DE RESUMEN EJECUTIVO DE LA EIR