Internacionales

El planeta se halla en una crisis sistémica terminal

Los números globales son ya impactantes. Más de un millón de almas han perdido la vida por la pandemia de COVID-19 en lo que va del año, y podría morir otro millón de personas durante los próximos nueve meses si no cambia drásticamente la trayectoria actual. Unos 515 millones de personas, de un total de 3,500 millones que conforman la fuerza laboral del mundo, habrán perdido su empleo para fines del 2020 debido al colapso económico desatado por la pandemia; y el ingreso global por el empleo habrá caído en un 15% en el transcurso del año, según el informe que recién publicó la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Pero detrás de los promedios y cifras, la realidad es peor todavía. En Iberoamérica y el Caribe, donde la pandemia ha golpeado duro, el 35% del total de las horas de trabajo se habrán perdido para el fin de 2020, y el ingreso total por el empleo habrá caído en más del 25%. La enorme mayoría de todas esas horas de trabajo perdidas se encuentran en el llamado “sector informal” de la economía, en donde los trabajadores realizan actividades de servicios o actividades en el mercado negro o gris que en general no producen realmente ninguna valor económico-físico para la economía. Es por eso que en nuestro programa “El Plan LaRouche para reabrir la economía: el mundo necesita 1,500 millones de nuevos empleos productivos”, clasificamos a esos empleos en el sector informal como desempleo de hecho, aunque le proporcionen algo de efectivo a la población que lo necesita desesperadamente para sobrevivir al margen. [https://larouchepub.com/spanish/other_articles/2020/4722-larouche_plan_1_introduction.html].

O les proporcionaba, porque han desaparecido. La pandemia ha levantado el velo que cubría la enormidad del verdadero desempleo que ha existido siempre. Si toman en cuenta el total de horas de trabajo perdidas este año como porcentaje de este “desempleo de hecho” en el sector informal, quiere decir que el 42% de esas horas de trabajo se han esfumado; en Iberoamérica es el equivalente al 91% de esa categoría de desempleo de hecho.

Si a eso le agregamos la inflación en el precio de los alimentos, que según algunos informes ya promedia un 15% en muchos países de África, y lo que resulta es una pérdida del 30% a 50% en la capacidad de pagar esos alimentos para unas 500 millones de personas o más en el sector subdesarrollado.

Pero no son solo la Hambruna y la Plaga los únicos jinetes del apocalipsis desatados sobre el planeta. El imperio británico ha desatado también la Guerra. La guerra en torno al Alto Karabaj podría llevar a un enfrentamiento entre Azerbaiyán respaldada por Turquía, miembro de la OTAN, en contra de Armenia, aliada de Rusia; podría ser en días o en horas. Asimismo, la revolución de color que está en marcha en Bielorrusia, en las fronteras de Rusia, amenaza con provocar un incidente estratégico a las puertas de Rusia. Y las actividades militares de Estados Unidos con drones y otros medios, en la vecindad del Mar de China Meridional ya ha provocado una dura resistencia por parte de China, aparte de las graves amenazas de represalias a gran escala si se intensifican las provocaciones.

Todo esto es la substancia del plan del imperio británico para impedir la reelección del Presidente Donald Trump (un plan que recibió por cierto un duro golpe con la desclasificación de documentos que prueban que todo el escándalo del Rusiagate fue un fraude consciente iniciado por Hillary Clinton y la pandilla de Obama) y para orquestar al mismo tiempo un cambio de régimen contra los Presidentes Putin de Rusia y Xi de China.

“La situación mundial se va saliendo de control rápidamente”, declaró Helga Zepp-LaRouche ayer. “Nos encontramos en uno de los períodos más candentes. Estamos a cinco semanas de la elección presidencial en Estados Unidos, y debemos presuponer que habrá una peligrosa escalada en algún lugar”, señaló. Los británicos están desesperados porque todo sus sistema financiero internacional está en bancarrota, y no se van a detener ante nada, a menos que se les detenga y se someta su sistema a una reorganización de bancarrota como lo especifica Lyndon LaRouche en detalle en sus Cuatro Leyes.

En estas cinco semanas, subrayó Zepp-LaRouche, tenemos que asegurar la reelección de Trump; insistir en la realización de una cumbre de cuando menos Trump, Putin y Xi, para abordar la crisis global; y exigir la implementación de los programas económicos de LaRouche que se plantean en el programa de LPAC para crear 1,500 millones de nuevos empleos productivos en el mundo. La realidad dicta el momento.

“Tenemos que lanzar la economía a un nuevo nivel para resolver los problemas presentes”, dijo Zepp-LaRouche. “Solo si realizamos un cambio radical, con las Cuatro Leyes de LaRouche, hay alguna esperanza de salir de este lío, mediante la adopción del programa del Puente Terrestre Mundial y la creación de 1,500 millones de empleos productivos, empezando con la cooperación para crear un Sistema Mundial de Salubridad. Esto es hoy más urgente que nunca”, indicó.

“El cuadro global es tal, que la gente debe despertar realmente y reconocer que el proceso de la cumbre que hemos impulsado hasta ahora y que sigue en el orden del día como lo reiteró recientemente el Presidente Putin, podría llevarse a cabo en cualquier momento. Si los jefes de Estado dicen que la situación del mundo es tan grave que la tenemos que abordar juntos absolutamente, se podría hacer”.

FUENTE: LAROUCHEPAC

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