Inteligencia Social

¿Que relación hay entre el 11-S y posterior pandemia de COVID-19?

Introducción

En primer lugar, quiero decir dos cosas fundamentales: 1) no voy a entrar a valorar la autoría de los atentados del 11 de septiembre, a estas alturas cada quien tiene un juicio bien formado al respecto, 2) tampoco voy a juzgar el origen del llamado “Covid-19” o “Coronavirus”, las cosas no están suficientemente claras todavía, en cuanto a su origen. Lo que si quiero hacer es reflexionar sobre el aprovechamiento que hace la elite globalista de estos dos hechos que les vinieron como anillo al dedo a sus planes sinarquistas. Antes de seguir, quiero definir el término, sinarquía. Denominamos “Sinarquía” al sistema de gobierno en que el poder era ejercido por varios príncipes o personas poderosas al mismo tiempo, un grupo de personas que controlaba el poder sin haber sido electos ni tener ninguna autoridad delegada ni política ni religiosa. Más actualmente, podríamos decir que el sinarquismo o la sinarquía es una situación en la que una agrupación tiene el suficiente poder para influir de forma determinante en las decisiones de un gobierno. Parto de la premisa que en el mundo se quiere implantar o ya está implantado de facto, un gobierno sinárquico. Grupos de poder financiero controlan claramente a los gobiernos de los Estados Unidos, Gran Bretaña y La Unión Europea en primer lugar y pretenden influir en los gobiernos del Partido Comunista Chino y la Rusia de Vladimir Putin, digo pretenden porque no tengo muy claro su ascendencia sobre estos dos gobiernos. Lo que, si está claro, muy claro, es el dominio de estas elites sobre los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Europea, eso es, desde mi punto de vista más que evidente.

La sinarquía tiene otros elementos de poder que no son únicamente financieros o económicos, realmente, y a riesgo de parecer conspiranoico (termino muy utilizado en la actualidad para descalificar todas las posiciones que no encajan ni en la izquierda ni en la derecha, oficialistas), el poder de la sinarquía tiene mucho que ver con castas o grupos ancestrales de poder donde la comunidad de poder corporativista se basa en creencias compartidas e historias de sangre muy antiguas. Las elites sinarquistas son muchísimo más prejuiciosas y estrafalarias en sus creencias ético-religiosas que cualquier credo oficial popular. No quiero ahondar en eso porque prefiero centrarme en los dos hitos de avance de estas elites en la construcción del Nuevo Orden Mundial: (1) 11-S Y (2) Covid-19. La herencia del poder global podría remontarse, al menos, hasta unos 200 o 300 años atrás, quizás más.

Del 11-S al COVID-19

No es posible poner en duda la enorme relevancia mediática que se le dio al atentado terroristas contra las torres gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001 (9/11). Han ocurrido en nuestro mundo muchísimos atentados terroristas mucho más sanguinarios, guerras, pandemias, migraciones mortíferas, etc. Pero la élite dio especial relevancia a este hecho del 11 de septiembre de 2001. Sea por acción u omisión, el hecho vino a favorecer enormemente la agenda de desmontaje de las libertades individuales, que es fundamental, para el avance del programa de imposición de un gobierno global fuera del alcance del control democrático y popular. A partir del 11-S, todo grupo insurgente con razones políticas, religiosas, patrióticas, territoriales, nacionalistas, etc…todos, pasaron a ser inmediatamente llamados “terroristas”. La palabra se ha ido extendiendo a múltiples actividades: “terrorismo informático”, “terrorismo de estado”, “estados forajidos”, “terrorismo comunicacional”, etc. Adjetivos usados, siempre, siempre, en contra de todo movimiento contra establecimiento. En nombre de la lucha contra el terrorismo se puede juzgar ahora lo que usted lee, lo que usted ve en internet, lo que usted piensa y las reuniones a las que usted asiste. Todas estas cosas podrían ser calificadas como actividades terroristas cuando estén vinculadas a teorías políticas, económicas o sociales “políticamente incorrectas” o contrarias a la ideología de la élite dominante, a la ideología sinarquista. Esta élite ¿es de derecha? ¿es de izquierda? No, esa elite se ríe de esos conceptos que tienen para ellos el mismo valor que el gusto de unos sectores del pueblo por la Pepsi y de otros por la Coca-Cola, por el gusto de unos trabajadores esclavos por el Barcelona y de otros por el Real Madrid, es así. En cierto sentido, muchos valores de la llamada “izquierda” no solo no son combatidos por la elite, sino que son promovidos por ella. La destrucción de la familia como núcleo de resistencia de la humanidad ante el control político de todo el quehacer diario está claramente instalado en la ideología izquierdista europea y es un valor muy favorable a las elites sinarquistas, porque atomiza las posibilidades de resistencia, debilita al ser humano y le hace más dependiente de un gobierno, empresa, grupo financiero, banco, etc. Porque lo si está claro es que el ser humano es una criatura gregaria, incapaz de sobrevivir en soledad o autarquía, la isla de Robinson Crusoe nos mataría a cada uno por separado, no es posible en la práctica para ningún ser humano nacer y crecer en una isla desierta y valerse absolutamente solo contra la naturaleza, eso lo tiene muy claro la élite y por eso vende “amores” sustitutivos en el comercio, el consumo, la comida, la protección del estado, la protección de la empresa, etc.

Ahora avanzan un paso más, aprovechando el brote de este nuevo coronavirus (ha habido, hay y seguirá habiendo coronavirus, siempre) pudieron aislar, acuartelar y separar a las masas, confinándolas en sus casas y sumándoles a esa condición el miedo, la incertidumbre y la dependencia de gobiernos, empresas, consumos, televisión, entre otras. Un coctel para la producción abundante de cortisol, un químico natural muy efectivo para la destrucción del sistema inmunológico que segrega nuestro cuerpo en condiciones de aislamiento. Las patologías derivadas del confinamiento serían muchísimo peores que las del propio Covid-19, eso esta claramente explicado por expertos médicos silenciados, en todo el mundo. Pero ahora, el avance podrá ser mucho más agresivo que con los hechos del 11-S. Ya no es solo tu pensamiento, ideología o actitud política la que representa un riesgo “terrorista”, ahora también es tu mera existencia como factor de riesgo para el resto de la sociedad, sino has sido vacunado o no has pasado esta enfermedad del COVID-19. Ahora tu mismo, en tu integralidad como ser viviente, puedes ser calificado como amenaza para la sociedad si algún “medico” avalado por la única y absoluta autoridad de la OMS, así lo acredita. En España e Italia se habla de centros de concentración para personas “contagiadas”, centros de confinamiento para personas en condición de riesgo, dispositivos de control sobre los sitios que se pueden visitar y distancias a mantener con otras personas, todo eso en nombre de la “salud”. Muy curioso, porque en realidad, en nuestro mundo desde hace muchísimos años mueren cantidades mucho mayores de personas por otras patologías y nunca se había visto tanto amor por la vida, ni tanta preocupación por la humanidad, en las organizaciones supranacionales como la OMS, FMI, BM, ONU, entre otras. Repentinamente, se han vuelto extremadamente meticulosos y cuidadosos de la vida humana, eso es muy curioso.

11-S y Covid-19, vistos en conjunto son dos pasos espectacularmente favorables a una agenda global de avance hacía un gobierno único. En primer lugar, el terrorismo se ha dicho que es un riesgo global (en Venezuela, Sudáfrica, Brasil, India, etc. Nunca se estrellaron aviones contra ningún edificio de la capital, pero igual se dice que el riesgo es para todos). Al ser un riesgo global (elite dixit), el control del terrorismo han de ser supranacional, todos los aeropuertos deben homologar sus controles y rendir cuentas a instituciones supranacionales, la policía es supranacional y los tribunales también. Un avance importante para la elite globalista. Pero aún era poco, había que ir más allá, llegar hasta la médula del ser humano, hasta la misma sangre y ADN de la humanidad. Bueno, casualmente, surge una pandemia “aterradora”, una pandemia que justifica la “necesidad” de un control de tipos de sangre, precondiciones genéticas, factores de riesgo, grupos vulnerables, etc. Casualmente también, casualidad obviamente, los primeros en ponerse en el foco del problema son los ancianos. Un grupo al que el Fondo Monetario Internacional acusa de arruinar a la sanidad publica y de quebrar los sistemas de pensiones, porque “viven demasiado”.

El avance de la elite sinarquista

Las viejas denuncias sobre los planes de implantar un “chip”, de controlar todos los pasos y acciones del ser humano, a las cuales se les calificó siempre de “conspiranoia”, ahora son una realidad en boga, en todos los países occidentales. Claro, ahora se dirá que es por nuestra salud y quien no lo haga es un terrorista que pone en riesgo la vida de los demás y debe ser confinado a centros de personas con problemas de adaptación social o sencillamente encarcelado por terrorista. La psiquiatría y la psicología, modernas han ido trabajando arduamente en buscar nuevas patologías para calificar a las personas cada vez con un mayor número de enfermedades mentales o condiciones: niños asperger, niños con trastorno de ansiedad e hiperactividad, adultos depresivos, maniacos-obsesivos, sociópatas, etc. Todas patologías o condiciones muy favorables a la prescripción de medicamentos que anulan la personalidad e iniciativa (política, ideológica, económica, etc). Se prohíbe salir a hacer ejercicios porque puedes contagiar a otros en el parque, pero no se prohíbe ir a un establecimiento de venta de cigarrillos y tabaco, una droga que mata al año a muchísimas más personas que el COVID-19. Tampoco el alcohol está prohibido, una droga causante de miles de muertes por violencia doméstica y enfermedades propias. Ambas son drogas tranquilizantes, si tienes un problema con el gobierno con la empresa, nada mejor que un cigarrillo y una cerveza para que te sientas mejor y aceptes tu “realidad”. Las drogas legales, son las drogas adormecedoras de la consciencia y la iniciativa política y capacidad de análisis critico de la realidad y el entorno. Mejor es fumarse un cigarrillo, tomarse una cerveza y “ser feliz” (¿feliz?). Pronto legalizaran la marihuana de forma universal y entonces seremos “más felices” (conformismo, falta de iniciativa política, falta de iniciativa crítica contra el régimen mundial, etc). Los que no lo veamos así de claro, los que no veamos claro que lo único que hay que hacer es ser feliz fumando, bebiendo alcohol, bailando aturdidos en una discoteca o evadiendo todo pensamiento en una montaña o playa, los que no veamos claro eso es porque tenemos una patología psiquiátrica que podría llevarnos a ser terroristas y posiblemente un riesgo sanitario para la sociedad.

En un documento suscrito por los cardenales Pujats, Muller y Zen, además de decenas de obispos, sacerdotes y académicos hacen un llamamiento para detener el avance de estas prácticas totalitarias que se instauran en gran parte de las naciones cristianas con motivo del Covid19. La iglesia católica ya plantea que: “aumentan las dudas planteadas por muchos en torno a la verdadera capacidad de contagio, peligrosidad y resistencia del virus. Muchas voces autorizadas del mundo de la ciencia y de la medicina confirman que el alarmismo que han manifestado los medios informativos al Covid-19 no parece totalmente justificado. En base a los datos oficiales sobre la incidencia de la epidemia en el número de fallecimientos, tenemos motivos para creer que hay fuerzas interesadas en generar pánico entre la población con el único fin de imponer de modo permanente formas inaceptables de restricción de las libertades, control de las personas y vigilancia de sus movimientos. Esta forma de imposiciones antidemocráticas preludia de manera inquietante un Gobierno Mundial que escapa a todo control.” La iglesia tan conservadora en asumir posiciones criticas contra la élite sinarquista parece haberse hartado de estos movimientos descarados hacia el gobierno global y ha pedido “a los Gobernantes que garanticen que se eviten de la forma más rigurosa los medios de control de las personas sea mediante sistemas de rastreo electrónico o cualquier otra forma de ubicación. Téngase en cuenta la flagrante contradicción que se observa entre quienes persiguen políticas de reducción drástica de la población y al mismo tiempo se presentan como salvadores de la humanidad sin tener la menor legitimación política ni social”

La resistencia está por comenzar a ser necesaria e inminente. El amor y el bien son las únicas fuerzas capaces de sostener la resistencia, no son las ideologías ni de izquierda ni de derecha, sino la fraternidad humana, la esencia humanista, los valores propios de nuestra civilización los que nos pueden hacer vencer a las pretensiones de la elite sinarquista. Como dice el documento de la iglesia católica “Nos enfrentamos a un enemigo invisible que hace separaciones entre sus ciudadanos, entre los hijos y los padres, entre nietos y abuelos, fieles y pastores, alumnos y docentes, clientes y vendedores. No nos dejemos intimidar ni asustar por quienes nos hacen creer que somos minoría: el bien está mucho más difundido y es mucho más poderoso de lo que el mundo quiere que creamos”.

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