Ecologismo

La pandemia y la necesidad de otro metabolismo social

Los orígenes de la pandemia, todavía son motivo de controversia. Sin embargo, parece haber evidencias suficientes sobre las causas que amplifican su propagación. La forma de producir, el sistema sanitario, y otras razones. Nos enfocarnos en varias de ellas en este artículo.

En otro lugar escribimos sobre el rol de la ciencia maniatada al lobby de los laboratorios y a las políticas de ajuste, para explicar que la emergencia sin mitigación del Covid-19 se pudo evitar. Los laboratorios son empresas que valorizan su capital con la enfermedad como negocio y los Estados desfinancian la investigación y los programas preventivos en salud, para destinar recursos a salvatajes financieros o pagos de deuda externa. Es la raíz económica, pero, sobre todo política, de la aparición sorpresiva del virus. Sin embargo, lo más impresionante es su difusión. Más incluso que su aparición imprevista.
En este asunto, las variables que inciden son varias:

Tráfico de animales. El Covid-19 es un virus proveniente de animales, que pasan al ser humano por la ingesta de estos últimos. En este caso se relaciona al Covid-19 con murciélagos, pero se baraja que pueda haber un eslabón intermedio como el pangolín. El pangolín es el animal mamífero no humano más traficado del mundo; las ocho especies de pangolín están consideradas en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Entre el 2016 y el 2019 se interceptaron 228 toneladas de escamas de estas redes de crimen organizado, por lo que se cree que la cifra real del comercio ilegal será de decenas de miles de toneladas. Es un negocio millonario.

La forma de urbanización capitalista. La transmisión de virus como el Covid-19 se denomina zoonótica que es una forma técnica de decir que tales infecciones saltan de los animales a los humanos. Este salto de una especie a otra está condicionado por aspectos como la proximidad y la regularidad del contacto, todo lo cual construye el entorno en el que la enfermedad se ve obligada a evolucionar. El desplazamiento masivo de campesinos a las ciudadades en China, en condiciones de precarización y hacinamiento, y la intervención agro-capitalista depredadora en los ecosistemas naturales combina explosivamente aglomeración urbana sin condiciones sanitarias elementales, desplazamiento de animales (y virus) de sus hábitats tradicionales a nuevos. Los virus mutan, se adaptan, circulan con mayor rapidez. Esta tesis se explica en una investigación titulada “Granjas grandes y grandes gripes” (2016), del biólogo de izquierda Robert Wallace, que conecta esa dinámica con la gripe aviar.

La contra-revolución sanitaria en China. Desde la revolución socialista de 1949 hasta 1980 la mortalidad infantil se desplomó y, a pesar de la hambruna que acompañó al Gran Salto Adelante, la esperanza de vida pasó de 45 a 68 años. La inmunización y las prácticas sanitarias se generalizaron, y la información básica sobre nutrición y salud pública, así como el acceso a los medicamentos rudimentarios, fueron gratuitos y accesibles a todo el mundo. Desde entonces, una combinación de abandono y privatización ha degradado sustancialmente este sistema, al mismo tiempo que la rápida urbanización y la producción industrial desregulada de artículos domésticos y alimentos ha agudizado la necesidad de una atención sanitaria generalizada, por no hablar de los reglamentos sobre alimentos, medicamentos y seguridad.

Entonces: tráfico ilegal de animales; urbanización capitalista anárquica y agro-ganadería depredatoria; y finalmente, involución privatista de la salud en el país más poblado del mundo. Las tres claves, del foco inicial y la propagación. Los viajes, el comercio internacional, el ocultamiento informativo y la subestimación de los principales líderes capitalistas mundiales, hicieron el resto.

Marx como GPS

En el Capital, Marx desarrolla no fórmulas acabadas para todo, pero sí plantea una serie de coordenadas de investigación y análisis político, de un potencial y vitalidad teórica muy vigentes. Sus lecturas de los trabajos del químico Liebig sobre la interrupción del ciclo de nutrientes del suelo en el campo, por la confiscación capitalista y la urbanización forzada, fue el punto de partida para una hipótesis: el capital en su lógica de valorización, agota las dos fuentes fundamentales de creación de riqueza social: la fuerza laboral y la naturaleza.
En paralelo, acuñó una categoría y metáfora, también muy profunda: la mercantilización de todo por el capital, fractura los intercambios sustentables con la naturaleza, violenta el “metabolismo de gestión racional” que hay que recuperar.

Para eso, plantea un parámetro general: planificar la producción y el consumo sobre la base de las necesidades sociales reales, no bajo la subordinación de la competencia entre propietarios privados para acumulación. Es decir: sustituir la producción de cosas para ser vendidas, por valores de uso social que satisfagan necesidades reales de la mayoría que trabaja. Este vector en sí mismo, combinado con el concepto de “metabolismo de gestión racional como regulador de los intercambios (con la naturaleza)”, define todo un programa, que Marx no elaboró. Nos toca como generación revolucionaria, producir esta plataforma de cambios estructurales, sistémicos. Como hoja de ruta, como GPS ecosocialista.

De muros y puentes

Las condiciones del capitalismo en China que explicamos más arriba, la ruptura del metabolismo eco-sistémico en esa región, como causa de propagación viral, no es exclusiva de China en el siglo XXI. Condiciones de alteración anárquica parecidas en la Inglaterra del siglo XVIII o en las colonias de África del siglo XIX explican difusiones virales de epidemias en esos países. El capital no planifica y gestiona la relación con el entorno tomando como parámetros la salud pública y la preservación de la naturaleza. Su directriz es la rentabilidad, el agotamiento de fuerza laboral y abaratamiento de costos de producción, con insumos a bajo precio. China es la Inglaterra tardía del siglo XXI en todas sus peores consecuencias económicas, socio-ambientales y de totalitarismo político. Por lo tanto, donde el capitalismo en sus términos destructivos del siglo XXI levanta muros, el eco-socialismo transformador tiene que construir puentes de transición hacia una reorganización de todo:

La economía. Produciendo en base al cálculo de necesidades sociales mayoritarias y a la planificación democráticas de los que viven de su esfuerzo, no de la clase parasitaria y ecocida. Reconversión productiva. Reeducación social del consumo. Recapacitación laboral de la clase obrera.

Las relaciones sociales. El trabajo como derecho social, el ingreso equivalente al costo de la vida, como referencia. Reparto del trabajo entre toda la fuerza laboral disponible e incorporación de tecnología para alivianar la carga colectiva de la producción. Más tiempo libre social, como conquista emancipatoria. Socializar las tareas de cuidado y domésticas: desmantelar las condiciones materiales del patriarcado y todas las opresiones.

Las relaciones socio-ambientales. Concebir los ecosistemas no como “góndolas” para despacharse sin límite ni previsión de impactos. Reducir el volumen material producido sobre la base del cálculo social de lo necesario, la prohibición de la publicidad capitalista y la obsolescencia programada. Abolición del maltrato animal capitalista.

La política. Desmantelar las castas de políticos profesionales del 1 % y los aparatos de represión y control social. Revocabilidad, autoorganización social desde la mayoría. Gobierno de los que nunca gobernaron.

Relaciones internacionales. Colaboración de los pueblos para abolir el capitalismo y la autodefensa legítima ante la agresión de corporaciones e imperialismos. Federar democráticamente las regiones próximas del mundo para complementar solidariamente esfuerzos económicos, sociales, culturales, científicos y políticos.

Son parámetros de estrategia, para un proyecto social reorganizado. Sobre bases nuevas, libres y eco-socialistas. Es fundamental, ahora, activar militando por esas causas.

Por Mariano Rosa

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