Desarrollo Sustentable en Venezuela

Guerrilla Colombiana y FANB se reparten el negocio del Oro en Venezuela durante la Pandemia

Como si fuera una dimensión paralela en la que se tuercen las leyes del mercado global donde los precios del oro van al alza, en la zona minera del estado Bolívar la cotización del metal se ha desplomado a la mitad a raíz de la cuarentena impuesta por el coronavirus. Pero, atención, que este ‘Black Friday’ no es para todos: solo le sacan provecho quienes han cartelizado el mercado áureo local mediante la coacción y el uso de dólares, desde pandillas del crimen organizado a guerrilleros o autoridades militares. Los mineros artesanales producen a diario y necesitan vender para sobrevivir, pero lo hacen a precios de liquidación porque las medidas de confinamiento han cerrado los canales de comercialización. Mientras, otros actores acumulan oro para asegurarse una próxima bonanza, luego de que se levante las restricciones de mercado impuestas por el virus Sars-Cov-2.

No hay control de precios tasados ni tarifas bien establecidas. La única regla para la compra y venta del metal es que no hay ninguna, menos todavía cuando se endurecen las condiciones para la circulación de personas y bienes, como ha ocurrido con la pandemia del Covid-19. Es así como, a pesar de que fuera de las fronteras venezolanas el oro alcanza precios de récords históricos, en las zonas mineras del estado Bolívar se vende por menos de la mitad. Al finalizar el primer cuatrimestre de 2020, el oro subió 9% hasta alcanzar los 54,75 dólares por gramo (1.715,25 dólares la onza). La “flexibilización monetaria de los bancos centrales y la persistente preocupación por una recesión global”, explican las agencias, han determinado el alza. Pero esto no se traduce en una buena noticia para los mineros artesanales del sur venezolano, que con palas y bateas a cuestas, expuestos a la amenaza permanente de los derrumbes de las minas (que este año, en Bolívar, han matado por lo menos a 13 personas) y a la amenaza nueva del coronavirus, tras jornadas de más de doce horas con el sol en la nuca, tienen que vender un gramo de oro en alrededor de 15 dólares, según la volátil tasa de cambio del mercado paralelo del dolar y el bolivar.

Los mineros artesanales vende el gramo de oro a precio de baratija. La ganancia se la llevan las mafias de guerrilleros y de las FANB

Una fuente de Tumeremo, que pide la reserva de su identidad, apunta que los principales compradores tienen rostros difusos pero son los de siempre. “Los que compran aquí son gente del gobierno. Son mayoristas que compran 60, 80 o 100 kilos. Algunos se llevan el oro a Brasil. Hay militares, generales y coroneles que compran”.
En El Callao, tradicional centro aurífero, el dueño de un molino concuerda casi de manera textual: “Antes de la pandemia, el gramo de oro estaba en 2,2 millones bolívares y hoy está en lo mismo a pesar del incremento del dólar. Eso no está para pagarlo así, pero lo tienen estancado. Se debe a las mafias, como se dice”. Calcula que nada más en El Callao hay 200 negocios que compran oro a los pequeños mineros. Estos son vendedores ansiosos, pues tienen que generar ingresos porque sí para sobrevivir en la vorágine de la hiperinflación y, ahora, de la pandemia. Asegura que los militares también son compradores habituales, algo que no ha variado con el estancamiento de los precios en Bolívar. El declarante es dueño de un molino con certificación gubernamental. Por eso se reúne de manera permanente con los uniformados y, en muchos casos, les rinde cuentas. Incluso los ha visto negociando el oro.

En el Aeropuerto de Santa Elena de Uairén, por cada vuelo hay 30 gramos de oro en impuestos. Calculando esa cantidad sobre la base del precio internacional del oro, de 54,75 dólares por gramo, son 1.642 dólares; una cifra considerable en un país en el que el salario mínimo es de tres dólares mensuales.

ArmandoInfo

Los militares también reciben el oro de otras transacciones revestidas de cierta legalidad. Por ejemplo, un comunicado de comienzos de abril (en la tercera semana de cuarentena), avalado por el Consejo de Caciques Generales, refrendaba una propuesta de la Corporación Venezolana de Minería acerca de los impuestos en oro para el uso del aeropuerto de Santa Elena de Uairén (capital del municipio Gran Sabana, en la frontera con Brasil). El documento -destinado al almirante Gilberto Pinto, ministro de Minería Ecológica; Carlos Osorio, presidente de la Corporación Venezolana de Minería; y la vicepresidenta y el canciller Delcy Rodríguez y Jorge Arreaza- desglosa los impuestos así: seis gramos de oro por carga de combustible, dos gramos por montaje de la aeronave, tres gramos por transporte de cada 100 kilos de material minero, un gramo por despegue y aterrizaje, un gramo por cada 100 kilos de comida y un gramo por tasa de salida por persona. Las facturas de esos impuestos para el aeropuerto son firmadas y despachadas por militares, funcionarios de la Corporación Venezolana de Minería y representantes indígenas. En promedio, y de acuerdo con una factura a la que tuvo acceso Armando.info, por cada vuelo hay 30 gramos de oro en impuestos. Calculando esa cantidad sobre la base del precio internacional del oro, de 54,75 dólares por gramo, son 1.642 dólares; una cifra considerable en un país en el que el salario mínimo es de tres dólares mensuales.

El rol de las fuerzas militares en el contrabando de oro lo confirmó un efectivo de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que desertó a Brasil luego de la masacre de Kumarakapay y Santa Elena de Uairén, en Gran Sabana, Bolívar, en febrero de 2019. “Siempre hay tráfico de oro para acá, para Brasil”, explicó en mayo de 2019, “pero eso es por parte del mismo Gobierno”. Generales y comandantes, añadió, hicieron cruzar oro para la venta en el estado de Roraima, que comparte la frontera con el estado Bolívar.

“Son actores criminales. Hemos tenido información sobre el almacenamiento de oro, por lo que una vez que las cadenas de suministro se abran debido al aumento de los precios de oro, que continuará subiendo, habrá márgenes grandes de ganancia en el futuro para esos actores (que generalmente suelen ser comerciantes con alto poder adquisitivo, pandillas o funcionarios civiles y militares) que puedan almacenar ese oro ahora”

Marcena Hunter

En la Gran Sabana, el Ejército venezolano cobra vacunas tanto en oro como en dólares. Mientras, los mineros pequeños carecen de alguna manera para prosperar con el oro que trabajan. “Los mineros de subsistencia, tanto en Venezuela como en el resto del mundo, son los más vulnerables a lo largo de la cadena de suministros y, por lo tanto, muy a menudo en estos lugares hay medios alternativos de vida que son limitados y que están aún más limitados debido al coronavirus”, explica Marcena Hunter, analista en temas de crimen organizado y seguridad del Global Initiative Against Transnational Organized Crime. Hunter observa la misma contracción del precio de oro en mercados negros en varios lugares del mundo, a contramano de lo que sucede en el mercado global. “No tienen la opción de aferrarse al oro hasta que se abran las cadenas de suministro, porque tienen que venderlo para sobrevivir,” agrega. Los ganadores, entonces, son compradores o distribuidores. “Son actores criminales. Hemos tenido información sobre el almacenamiento de oro, por lo que una vez que las cadenas de suministro se abran debido al aumento de los precios de oro, que continuará subiendo, habrá márgenes grandes de ganancia en el futuro para esos actores (que generalmente suelen ser comerciantes con alto poder adquisitivo, pandillas o funcionarios civiles y militares) que puedan almacenar ese oro ahora”. Además de los uniformados, los otros que tienen una “oportunidad única” de inversión son los grupos armados irregulares. Un comerciante venezolano de oro explica que quienes se benefician del sudor y de la sangre de los mineros informales son especialmente quienes manejan divisas en efectivo.

“El Ejército venezolano cobra vacunas tanto en oro como en dólares. Mientras, los mineros pequeños carecen de alguna manera para prosperar con el oro que trabajan”

ArmandoInfo

Quienes participan en la cadena de microtráfico y tráfico de drogas suelen ser importantes compradores justamente por eso. “Eso está repartido de esta manera: el ELN [N. de R.: Ejército de Liberación Nacional, grupo insurgente de origen colombiano] cobra un impuesto a todos los mineros. De repente tendrá su comprador ahí, que no se lo toquen. ¿Pero qué pasa? ¿Cómo te explico..? Una compañía, un molinero, el molino de martillo, una que muela pues, pam-pam-pam… Semanalmente, este molino de martillo tiene que pagarle un impuesto a la guerrilla del ELN o a la de las FARC [N. de R.: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, grupo guerrillero oficialmente desmovilizado tras los Acuerdos de Paz pero del que algunos grupos disidentes siguen activos] y tiene que pagarle un impuesto también al comandante de la GNB. Aparte de eso, el comandante de la guardia llega con dólares y le compra a precio de gallina flaca al molinero.

El oro proveniente del estado Bolívar pasa de contrabando por el puente Simón Bolivar en el estado Táchira hacia Norte de Santander

Ahora más que nunca, los que tienen dólares en efectivo obtenidos, por ejemplo, del cobro de vacunas de protección o del peaje para el paso de tráficos transfronterizos, pueden hacer su agosto en este preciso instante con la compra barata del mineral precioso. “Todos los comandantes extorsionan al molinero, extorsionan al otro y recogen el oro. Y cuando no los extorsionan, ya cada comandante tiene sus dólares para la compra de oro”. Según la fuente, que pidió el anonimato para este trabajo, las sanciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos a las transacciones de oro con Venezuela cerraron el mercado lícito. Con ello, colateralmente, contribuyeron a aumentar las ganancias tanto para las pandillas del crimen organizado como para militares y funcionarios civiles que se involucran en la compra clandestina de oro: “El gobierno americano tiene que armar una estrategia porque mientras más les cierren la llave, el margen de ganancia es mayor para ellos”.

A raíz de la decisión de los gobiernos de Aruba y Curazao, las dos islas, antes colonias neerlandesas, vecinas a las costas venezolanas que hoy son Estados soberanos, de bloquear el tránsito y la importación de oro proveniente del país suramericano, la ruta de Colombia se convirtió en una de las más usadas para sacar el mineral de Venezuela. Solamente en el departamento colombiano de Norte de Santander, fronterizo con Venezuela, hay cerca de 200 trochas, pasos ilegales por donde transitan a diario miles de personas entre los dos países. No son pocas las suelas utilizadas para esconder una barra plana de oro o los cinturones en donde entran algunos gramos. Algo similar ocurre hasta con las naranjas: con frecuencia se ha descubierto que donde debe haber pulpa hay escondidos hasta 40 gramos de oro. También se suelen utilizar bloques de panela o papelón, los nombres que se le dan respectivamente en Colombia y Venezuela a la melaza de caña de azúcar cocida y solidificada. “Puedes traer de 10, 20 a 25 gramos de oro en tu cuerpo por cada cruce”, contó un cargador de contrabando, o mula, en el argot de los traficantes, en 2019. Grupos irregulares, militares y policías están detrás del mineral. “Le quieren quitar a uno la mercancía para ellos apoderarse. Uno pierde todo y ellos se quedan con el oro”.

El oro venezolano contrabandeado llega a Cúcuta donde es “lavado” y vendido

Además de Brasil y Colombia, Guyana comparte con Venezuela una frontera porosa y selvática que se encuentra a pocos kilómetros de las minas de Bolívar. Los precios bajos del oro en Venezuela y la infraestructura de la industria de oro en Guyana se funden en una atractiva oportunidad económica. “Es una oportunidad de compra perfecta en este lado, porque lo que conseguiste a través de los canales no oficiales escasamente se monitorea y entonces ¿por qué no? Cuanto más bajo sea el precio, mejor, porque el precio del oro se está disparando en los mercados (legales)”, razona Gabriel Lall, ex presidente de Guyana Gold Board, el ente estatal que administra el comercio de oro en Guyana. Es otra movida apenas en el mundo, no pocas veces cruento, del oro. Un mundo de grandes perdedores y de grandes ganadores, sobre todo. Pues, como sentencia Néstor López, “cuando pase esta plaga que azota al planeta entero, muchos de ellos van a sacar provecho. Quedarán multimillonarios”.


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