Desarrollo Sustentable en Venezuela

Energías Renovables en Venezuela: Experiencias y lecciones para un futuro sostenible (LIBRO)

Este libro recoge la experiencia de más de 4 años de estudio de los sistemas de generación basados en energías renovables que se han instalado en Venezuela para la electrificación de comunidades rurales aisladas, indígenas y fronterizas del país. La mayor parte de estos sistemas permanecen operativos parcial o totalmente, aunque algunos han sido desinstalados debido a fallas y falta de partes de reemplazo o carencias de mantenimiento. El propósito del libro es rescatar las experiencias con energías renovables en Venezuela para poder tener un soporte técnico, institucional, socioeconómico y ambiental para el desarrollo futuro de una mayor cantidad de iniciativas basadas en energías renovables aprendiendo de las lecciones del pasado reciente. Venezuela, es un país con un enorme potencial para el desarrollo de las energías renovables, principalmente en su norte costero de los extremos oriental (Sucre y Nueva Esparta) y Occidental (Zulia y Falcón). Este potencial debe ser aprovechado para poder lograr el pleno acceso a la electricidad para el año 2030, según lo establecen los compromisos de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, que han sido suscritos por el gobierno de Venezuela. Sin el aprovechamiento de las energías eólica y solar será imposible llevar la electricidad a todos los rincones del país y cubrir las 500 mil personas que aún carecen de una conexión eléctrica en las zonas más apartadas del país. Venezuela es uno de los países con la más alta tasa de electrificación rural de América Latina, sin embargo, aun resta un trabajo enorme por realizarse si se quiere alcanzar al 100% de los venezolanos. Las lecciones aprendidas en Venezuela pueden ser de utilidad para el avance de la electrificación rural con energías renovables en otras partes del mundo, un mundo en el que aún hay muchas comunidades donde nunca ha habido ningún tipo de acceso a la energía eléctrica.

Actualmente, alrededor de 1.200 millones de personas permanecen sin acceso a la electricidad en los países menos industrializados del mundo. Solo en América Latina, 22 millones de personas carecen de este servicio, principalmente en países como Bolivia, Colombia, Guatemala, Haití, Nicaragua y Perú. La falta de electricidad es una de las barreras más importantes para superar la pobreza. Por lo tanto, el acceso a una electricidad confiable, sostenible y moderna es indispensable para lograr los objetivos de desarrollo sostenible tales como la erradicación de la pobreza extrema, el aumento de la producción de alimentos, el acceso a servicios de agua potable y salud pública, el aumento de oportunidades económicas, la igualdad de género y una educación de calidad. En este sentido, existe una clara relación entre el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y el consumo eléctrico per cápita. En concreto, se ha observado que para países o regiones con bajo o nulo acceso a la electricidad, pequeños incrementos en el acceso a la electricidad (de hasta unos 5.000 kWh per cápita al año), conllevan una notable mejora en la calidad de vida de las personas. Sin embargo, para lograr un impulso al desarrollo, el acceso a la electricidad requiere suministrar la cantidad de energía necesaria y no únicamente un punto de conexión a la red o a una tecnología que podría suministrar niveles limitados o insuficientes de energía.

De acuerdo con los datos registrados por Agencia Internacional de la Energía (AIE), en los últimos años la tasa global de electrificación ha aumentado menos del 1% interanual; lo que es lo mismo que la tasa de crecimiento de la población mundial y, por tanto, no se está logrando reducir la población sin acceso a la electricidad. Además, esta tasa global de electrificación se debe principalmente a la expansión de las redes urbanas y, en mucha menor medida, a nuevos puntos de acceso a la electricidad en comunidades rurales aisladas. La población sin acceso a la electricidad tiende a estar dispersa en territorios extensos y apenas accesibles, por lo que las posibilidades de expansión de las redes convencionales de transmisión y distribución eléctrica son muy limitadas, debido a la barrera económica y las dificultades técnicas de una electrificación centralizada. Alternativamente, los sistemas autónomos de electrificación rural son una opción técnicamente factible, cuya aplicación se ha venido incrementando a medida que los costos han ido disminuyendo gracias al avance en las tecnologías respectivas. En cuanto a fuentes de generación, dichos sistemas pueden estar basados en energías fósiles, como el diésel o la gasolina, o en energías renovables, como la eólica, la solar, la hidroeléctrica o el biogás, entre otras. Además, se han venido desarrollando arquitecturas híbridas que emplean dos o más tecnologías de generación eléctrica (convencionales y/o alternativas) para brindar electricidad a un conjunto de viviendas o infraestructuras comunitarias.

El uso de tecnologías convencionales de electrificación rural para sistemas aislados seguirá siendo importante durante las próximas décadas debido a su difusión y sus bajos costos relativos a la inversión del capital inicial, el financiamiento y los plazos de amortización. Hasta 2012, el 71% de la electrificación en el mundo se llevó a cabo mediante la extensión de la red y el uso de combustibles fósiles: 45% de carbón, 19% de gas natural y 7% de diésel y otros derivados del petróleo; y en 2017 se compraron alrededor de 380.000 unidades de generación diésel en países en desarrollo. En regiones como África, se acrecienta la posibilidad de que la electrificación rural se ejecute con medios convencionales debido a que, en los últimos cinco años, casi el 30% de los nuevos descubrimientos de petróleo y gas del mundo se hicieron allí. Un riesgo similar existe en zonas de Asia, América Latina y Medio Oriente. A diferencia de los países industrializados, en muchos países en vías de desarrollo existen importantes yacimientos de recursos energéticos fósiles o mecanismos de cooperación mutua, por medio de los cuales el coste de los combustibles puede ser menor para ellos. Por ejemplo, países como Cuba, han basado su electrificación rural en sistemas de combustión interna que utilizan gasoil como fuente primaria de energía. Dicho país genera hasta un 40% del total nacional de su energía eléctrica con grupos electrógenos debido a que, desde el año 2005, reciben alrededor de 90.000 barriles diarios de derivados de petróleo por medio de convenios de cooperación con la República Bolivariana de Venezuela. De hecho, se espera que el 40% de las nuevas conexiones en todo el mundo hasta el 2030 se realizará a través de tecnologías convencionales, incluido el diésel. Este es un aspecto que se debe tener muy en cuenta al considerar que la electrificación rural tiene como prioridad el acceso a la energía y el desarrollo sostenible de las comunidades; y en eso es fundamental los niveles de energía que una determinada tecnología pueda brindar. Por tanto, en la medida que las tecnologías convencionales sean capaces de brindar más kWh/año por cada US$ invertido, serán una opción técnica y económicamente factible para los países en vías de desarrollo. Así, es importante mejorar su eficiencia debido a que no se puede frenar su instalación. En otras palabras, reducir el consumo especifico de combustible (l/kWh) es una tarea fundamental en favor de la mitigación del efecto de estas tecnologías en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Paralelamente, los sistemas autónomos de generación basados en energías renovables (RET, por sus siglas en inglés) han demostrado ser adecuados, tanto técnica como económicamente, en ciertas regiones remotas donde resultan más baratos que la inversión requerida en redes de transmisión y distribución a gran escala para suplir una pequeña cantidad de viviendas rurales con poco consumo eléctrico. En esta línea, la AIE estima que para alcanzar en el 2040 la meta de electrificar a un 70% de las comunidades sin acceso al servicio eléctrico, se deben emplear este tipo de sistemas basados en energías renovables. Cabe destacar que el África subsahariana tiene abundancia en recursos energéticos renovables que permanecen sin ser aprovechados hasta el momento. En particular, hay una excelente disponibilidad solar en toda África, disponibilidad hidroeléctrica en muchos países, energía eólica principalmente en zonas costeras y energía geotérmica en el África Oriental. Una abundancia similar de recursos renovables se puede encontrar en extensas regiones de América Latina y Asia. La utilización de recursos renovables en la electrificación de zonas rurales de los países en vías de desarrollo garantiza que las fuentes necesarias para la generación eléctrica sean accesibles en cualquier lugar del mundo. Además, no se incrementan en exceso las emisiones de CO2 y dichas regiones no dependen de las redes centralizadas de comercialización de hidrocarburos y distribución de derivados del petróleo para sustentar su servicio eléctrico. De hecho, entre 2007 y 2016, la capacidad instalada en RET para las áreas rurales aisladas se ha quintuplicado, suministrando energía a casi 300 millones de personas. De estos sistemas, el 86% se puede encontrar en países en desarrollo en África, Asia y América Latina. Entre las tecnologías utilizadas, la energía fotovoltaica (FV) aumentó del 17% de la capacidad instalada total en 2007 a casi el 50% en 2016, mientras que la cantidad restante de proyectos basados en RETs, aumentó del 30% al 41% en el mismo período (eólicos e hidroeléctricos, entre otros). Según las Naciones Unidas, esta tendencia debe mantenerse o incrementarse en los próximos años para lograr el acceso universal a una energía adecuada, moderna y libre de contaminación en 2030.

A pesar del desarrollo de energías renovables para electrificación rural fuera de la red, la mayoría de los inversionistas privados todavía consideran que tales proyectos no son viables ni rentables económicamente, lo que ha sido una limitación importante para los programas de electrificación rural a gran escala basados en RET. En consecuencia, muchos proyectos en países en desarrollo han sido realizados por organizaciones no gubernamentales (ONG), con un impacto limitado en los indicadores nacionales y los índices de electrificación rural (REI, por sus siglas en inglés). Por ejemplo, Perú, con el mayor número de viviendas no electrificadas en América Latina, es el país que más proyectos de electrificación rural ha recibido de las ONG. Sin embargo, solo la intervención directa del gobierno nacional, entre 2007 y 2013, llevó a un aumento del 60% en el REI interanual, por primera vez en la historia del país. En casos como Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela, se puede observar una tendencia similar. En realidad, aunque la cooperación tecnológica internacional es beneficiosa, la participación de los gobiernos es esencial para el diseño y la implementación efectivos de los programas de electrificación rural basados en RET a escala regional y nacional. De acuerdo con la evidencia en países sudamericanos, las tasas de electrificación rural necesarias para alcanzar un pleno acceso a la energía se alcanzarán a través de la participación mayoritaria de los gobiernos nacionales. En consecuencia, es necesario hacer mayor hincapié en el conocimiento y divulgación de los resultados y lecciones aprendidas de los programas nacionales de electrificación rural para identificar sus fortalezas y limitaciones, reduciendo el temor frente a estas iniciativas por parte de promotores e inversionistas. En concreto, es imperativo hacer del conocimiento de los pueblos del mundo todos los elementos para la mejora continua de los planes y programas nacionales de electrificación con energías renovables cuyo objetivo sea la reducción de la pobreza energética y el incremento del acceso a la energía.

Con objeto de superar las barreras existentes en programas de electrificación rural basados en RET, se deben recopilar datos reales verificables, medir los impactos en la sostenibilidad y presentar los resultados de forma clara y concisa a los responsables de la toma de decisiones en el mismo sitio de implementación de los proyectos. Sin embargo, se han publicado pocos estudios, libros o artículos sobre evaluaciones empíricas del impacto del acceso a la electricidad en las diferentes dimensiones de la sostenibilidad. En este sentido, las metodologías de evaluación deben distinguirse claramente de las que se han venido utilizando para los programas de electrificación urbana, comercial y/o industrial. La principal diferencia es que la electrificación rural debe centrarse en el alivio de la pobreza y la mejora de la calidad de vida diaria del usuario final. Los objetivos de los programas de electrificación rural se pueden agrupar en cuatro categorías: económica, social, política y ambiental. En la práctica, algunos objetivos se logran simultáneamente y están interrelacionados, reduciéndose así los grupos a: Socioeconómicos, institucionales o políticos y ambientales. De hecho, estos objetivos surgen del examen de la sostenibilidad en diferentes dimensiones, que se realizaron en las primeras aproximaciones a este concepto. Considerando la gran cantidad de países en desarrollo que requieren implementar planes nacionales de electrificación rural efectivos y asumiendo el interés social, económico y ambiental que estos planes tienen para toda la comunidad mundial, la evaluación de planes de electrificación rural no puede estar enfocada a resultados absolutos ni ser aislada. Al contrario, ha de estar inmersa dentro del proceso de planificación de políticas y planes gubernamentales, generando permanentemente información que permita tomar decisiones oportunas para la mejora continua de los planes en ejecución. Las evaluaciones de programas de electrificación rural deben proporcionar resultados objetivos y sintetizar las lecciones aprendidas para promover el desarrollo continuo de las iniciativas en curso, proporcionando una perspectiva útil para los tomadores de decisiones que les permitan mejorar los programas implementando a tiempo las medidas apropiadas. En este contexto, en este libro se muestran los proyectos de electrificación rural sostenible más importantes en Venezuela, así como proyectos basados tanto en tecnologías diésel como en RET, en distintos contextos, para identificar sus fortalezas y limitaciones. Se evidencian los puntos de mejora continua para fortalecer la sostenibilidad, en todas sus dimensiones, a través del análisis de criterios e indicadores de evaluación pertinentes. En particular, los proyectos eólicos y solares de Venezuela surgen del programa “Sembrando Luz”, del que se extraen lecciones aprendidas de proyectos en curso para la mejora de futuros proyectos en Venezuela y cualquier otra parte del mundo.

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