Gobierno venezolano entrega explotación de Oro y Carbón a empresas Turcas de dudosa reputación

Tan solo con 25 años, Lorenzo Antonelli figura al frente de Marilyns
Proje Yatirim
, una empresa turca que debuta en Venezuela para explorar y extraer el oro del sur del país. De nacionalidad italiana y con una
reputación inadvertida en los mercados globales, el novel empresario
aparece como director de la firma radicada en Estambul y que el gobierno
venezolano presentó el mes pasado en sociedad como aliada de la estatal
CVG Minerven en una sociedad mixta de nombre Minería Binacional
Turquía-Venezuela.

Su negocio con el gobierno de Nicolás Maduro fue convenido a espaldas de
la Asamblea Nacional, el opositor Poder Legislativo de Venezuela. Se
aprobó mediante el decreto presidencial número 3.598 difundido en la
/Gaceta Oficial/ 41.472, de fecha 31 de agosto, que estaba acompañado de
otras dos disposiciones del Ejecutivo, numeradas como 3.597 y 3.599, que
declara al carbón como mineral estratégico para su exploración y
explotación y autorizan la creación de otra compañía mixta entre
Carbones del Zulia y la turca Glenmore Proje Insaat llamada Carbones
Turquía-Venezuela
, respectivamente.

Las empresas privadas extranjeras ostentan 45% de las recién fundadas
binacionales, mientras que el Estado venezolano maneja 55% administrado
por el Ministerio de Industrias y Producción Nacional. Así, Tareck El
Aissami
, el titular de ese ministerio, se convierte en la contraparte
venezolana de Antonelli y de la italiana Patrizia Fiore, directora de
Glenmore Proje Insaat ante los registros mercantiles de Estambul. Ninguna de las compañías y socios a las que el Gobierno de Venezuela
otorgó poder sobre las estatales mineras es reconocida. Ni siquiera
figuraban en algún negocio varado en alguna otra parte del mundo, aunque los hilos que tejen sus redes se encuentren dispersos en otras
latitudes. Las corporaciones Glenmore Proje Insaat y Marilyns Proje
Yatirim
aparecen registradas entre 2014 y 2015 por directores diferentes
en Estambul, pero ambas señalan la misma dirección fiscal. No es casual.
Las sociedades también tienen sus espejos en el Reino Unido con un mismo
beneficiario: Lorenzo Antonelli. Todos los caminos conducen a él.

El empresario estrella en el acuerdo con Venezuela es el principal
accionista de Marilyns Capital Limited y de Glenmore Solutions Limited,
ambas con la misma dirección en Londres, y también las socias de sus
firmas homónimas en Turquía. Pero aún más lejos, el hombre apunta su
domicilio en los Emiratos Árabes Unidos. El oro y el carbón de Venezuela está en sus manos. Al menos, una buena parte a pesar de queGlenmore Solutions Limited había sido manejada antes por otra directiva envuelta precisamente en casos de corrupción de España y Brasil. Se trata de la panameña Lilia Judith Tovar de León que estuvo como directora hasta 2014. Un año después figuró como posible testaferro en las investigaciones de la justicia española contra Rodrigo Rato, exdirector del Fondo Monetario Internacional y exministro de Economía de España, por blanqueo de dinero. Fue directora de sociedades relacionadas con los sobornos de Odebrecht en Colombia, específicamente de Coast Helicopter Inc, y otras usadas por ocho familiares de la princesa de Parma María Cristina de Borbón para repartir su herencia sin tener que declarar impuestos, según investigaciones periodísticas de los llamados Papeles de la Castellana elaborada conjuntamente por las redacciones de eldiario.es, La Marea y Diagonal y publicada el 7 de junio de 2016.

Tovar encabeza las juntas directivas de decenas de compañías, varias
radicadas en Reino Unido y Panamá, y también como cliente del bufete
Mossack Fonseca con una sociedad, Oxalia Management, creada en Malta enEn este entramado destaca el exgerente de Marilyns Capital
Limited, Bunyamin Altun, oriundo de Turquía y residenciado en los
Emiratos Árabes Unidos, porque su nombre se halla en la base de datos de
los conocidos Paradise Papers por dirigir Parakon Holdings Limited,
establecida también en Malta desde 2011. Esos antecedentes y ligeros
nexos entre empresarios no generaron desconfianza en el Gobierno
venezolano al momento de consignar socios para las joyas mineras del
país, Carbozulia y Minerven.

Los principales aliados históricos del chavismo en los negocios son los
chinos, los rusos y recientemente los turcos. A mediados de este mes,
Maduro improvisó una gira por China y Turquía para establecer nuevos
acuerdos de los que no se conocieron detalles. Del viaje solo fue
polémica su paso por el lujoso restaurante del chef Nusret Gokce,
viralmente conocido como Salt Bae, en Estambul. Pero más allá de la
cena, en Turquía se cocinan otros platos fuertes.

Víctor Cano, ministro para el Desarrollo Minero Ecológico de Venezuela,
declaró a la agencia de noticias Reuters, el pasado 19 de julio, que el
Banco Central de Venezuela optó por exportar y refinar oro en Turquía y
no en Suiza producto de la “preocupación” por las sanciones aplicadas
por Europa y Estados Unidos.

El intercambio comercial ha sufrido algunas modificaciones en la última
década. Maduro ha retornado a negocios que parecieran distar de los
lineamientos del fallecido presidente Hugo Chávez que hace siete años
había aprobado un decreto-ley que reservaba al Estado venezolano la
exploración y explotación del oro en el país o que en 2007 se opuso a la
explotación carbonífera en la Guajira por los daños ambientales. Su
maniobra sucede en medio del ocaso de Petróleos de Venezuela, una crisis
económica sin precedentes en el país, el aumento de las sanciones
internacionales y varios escándalos de corrupción.

El derrumbe de Carbozulia y Minerven no es menos notorio. El 26 de
agosto, Maduro ordenó una reestructuración de la aurífera con la
intención de depurar “vicios internos”. Dos meses antes habían sido
detenidos el vicepresidente de esa empresa, Doarwin Alan Evans, y otras
seis personas por presunto contrabando de oro, mientras la Fiscalía
venezolanasolicitó la captura de 28 más.

La carbonífera, entretanto, considerada la cenicienta de la minería,
tiene un historial de infortunios. La empresa ha sido administrada por
Petróleos de Venezuela, la Corporación del Estado de Zulia, el
Ministerio para el Desarrollo Ecológico y ahora el Ministerio de
Industrias y Producción Nacional. Ningún ente ha logrado salvarla de su
mengua. Aunque el Gobierno había anunciado su reimpulso como una
estrategia para potenciar al “motor” minero, hasta ahora el pacto no ha
tenido mayores beneficios para la estatal occidental. Al contrario, su
producción fue de 650.000 toneladas en 2017, pese al millonario desembolso.

Según un informe de gestión del Ministerio para el Desarrollo Minero
Ecológico, entre la producción de Carbozulia y de Carbosuroeste (30.000
toneladas) se generaron 48.960.000 de dólares americanos ese año. La
explotación carbonífera tampoco parecía prosperar en 2018. Félix
Merchán, presidente del sindicato de la compañía, declaró al diario
regional /La Verdad/, según una nota publicada el 22 de junio de 2018,
que hasta junio solo se había producido unas 90 mil de las 8 millones
toneladas métricas que se solían extraer al año. Su denuncia se hacía en
medio de una acalorada protesta de los trabajadores de esa empresa por
un aumento de los salarios y la reactivación de las minas occidentales.
Entonces, muchos empleados cargaban con pancartas en las que se leía
“basta de corrupción y miseria” y “Víctor Cano, persona no grata en Zulia”.

Meses antes de que Carbones del Zulia se fusionara con la empresa turca,
Glenmore Proje Insaat, había firmado un acuerdo por 400 millones de
dólares con las sociedades Inter American Coal, China CAMC Engineering
CO LTD y Yang Guang Group para restaurar la producción de minas. Fue
bendecido por Maduro, Tareck El Aissami, entonces vicepresidente de la
República de Venezuela, Jorge Arreaza, en ese momento ministro para el
Desarrollo Ecológico, y el propio Cano que se desempeñaba como
viceministro de para Exploración e Inversión Ecominera y que sería
declarado persona no grata en la región occidental. De aquel pacto se
extendió un secreto a voces: ninguna clausulas beneficiaba al país.

Los que hojearon el documento coinciden en que se pierde el control de
los yacimientos occidentales. “Se crea un comité de inversionistas que
decide con tres votos, quedando prácticamente fuera del juego la empresa
del Estado”, dice un exfuncionario del Ministerio para el Desarrollo
Ecológico. Agrega que a las compañías extranjeras también se les facultó
para crear un plan de explotación, capaz de ejecutar y diseñar a su
criterio; estar a cargo del manejo y la comercialización de las minas
activas Norte y Paso Diablo, en Zulia, durante 10 años; mientras que la
estatal sí asumía las responsabilidades ambientales, gastos laborales,
operativos y se despoja de la inversión social en las zonas explotadas.

En un comunicado anónimo difundido en julio se detalla que la empresa
colombo-holandesa Inter American Coalse quedaría con 10% de las
ganancias por cada buque de carbón como “contraprestación” o pago a la
inversión. “Se necesita que el fiscal Tarek William Saab investigue
estos contratos y el manejo de estos dólares y bolívares. (…)
Investiguen los nexos de Interamerican Coal (…) que son bastante
interesantes”, pedía el escrito. Justo el día que se divulgó la
denuncia, Tania Ríos, presidenta de Carbozulia, se separó de su cargo.

Ríos fue contactada por ArmandoInfo, pero no quiso ofrecer su versión.
Dos fuentes coinciden en que el “verdadero” negocio no está en la
explotación carbonífera, sino en un entramado de operaciones financieras
que involucran a Carbozulia Internacional, registrada en Panamá, y otras
empresas. Acotan que la ruta del dinero comenzaría con operaciones swap
entre BOI Bank de Antigua, el Banco Occidental de Descuento y la
compañía de corretaje de valores Plus Capital Market, también registrada
en Panamá. Ambas entidades bancarias son propiedad de Víctor Vargas, uno de los banqueros más consentidos por el Estado venezolano.

El interés de empresas foráneas en el carbón mineral venezolano es que
es calificado de alta calidad por los mercados internacionales. No es
como el extraído en otras zonas del Caribe, sino que se trata de un
carbón bajo en azufre, cenizas y con alto poder calorífico. Un tesoro
sobre el que aterriza Turquía sobre dos empresas en las que se estrena
un empresario de tan solo 25 años.

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