Una base militar de EE.UU. causa mayores tasas de cáncer y contaminación en las Azores

Los habitantes de la isla portuguesa de Terceira, en el archipiélago de las Azores, están cada vez más preocupados por los crecientes casos de cáncer y otras enfermedades graves, que parecen estar sufriendo a un ritmo mayor que en el resto de las islas portuguesas ubicadas en el Atlántico Norte. Existen indicios para creer que estas enfermedades son causadas por una serie de factores ambientales relacionados con el uso de la isla como base aérea por parte de las fuerzas armadas estadounidenses durante décadas, según varios informes que han comenzado a llamar la atención del público.

Con una población de unas 55,000 personas, Terceira es una de las nueve islas que forman el archipiélago de las Azores en el océano Atlántico. Terceira alberga la base aérea Nº4 Lajes, donde actualmente reside el 65° Grupo de la Base Aérea de los Estados Unidos bajo un contrato de arrendamiento. La posición geográfica del archipiélago, a medio camino entre EE. UU. y Europa, se consideró vital para las operaciones militares de EE. UU. en el pasado, particularmente durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Comúnmente conocida como la “pista de aterrizaje del Atlántico”, la misión principal de la base aérea de Lajes es servir como un puesto de reabastecimiento en el medio del océano. Es la segunda instalación de almacenamiento más grande de la Fuerza Aérea de EE. UU fuera del país después de Guam (Micronesia).

Lajes tiene la capacidad de proporcionar soporte en ruta para las situaciones de emergencias médicas y mecánicas de las aeronaves pertenecientes al Departamento de Defensa de los Estados Unidos y a la OTAN, así como a otras aeronaves autorizadas, ya sean comerciales o militares.

En los últimos años, una serie de riesgos medioambientales relacionados con las sustancias contaminantes encontradas en los suelos y acuíferos de la isla se han achacado a la actividad en la base aérea. Se cree que varias áreas han sido contaminadas por residuos, incluyendo fugas de combustible a gran escala, vertederos al aire libre y supuestos cementerios de armas, e incluso una posible actividad nuclear.

Norberto Messias, profesor e investigador de la Escuela Superior de Salud, mostró a Ruptly una muestra de roca que, según dijo, prueba la “contaminación de la base de Lajes y las consecuencias de su presencia aquí”. Refiriéndose a la muestra de roca, Messias afirmó que “es una muestra de hidrocarburos residuales, sedimentos de hidrocarburos. Todo lo que falta aquí para tener petróleo utilizable es lo que quedó en los suelos después de los derrames e infiltraciones”.

Messias, junto con otros miembros del Departamento de Enfermería de Salud Mental y Gerontología de la Universidad de Azores, está llevando a cabo un estudio que tiene como objetivo mostrar el impacto de la base aérea de Lajes en la salud de los residentes locales, y establecer si existe una vínculo definitivo entre la contaminación y las mayores tasas de enfermedad que se registran en la isla.

Orlando Lima, un antiguo empleado de la base estadounidense en Terceira, utiliza equipos de detección de rayos-x y partículas alfa para analizar el suelo en Pico do Careca, una colina artificial construida fuera del territorio de la base estadounidense, donde en el pasado hubo algunos búnkeres y donde los lugareños afirman que podrían haber tenido lugar actividades nucleares. “La primera vez que estuvimos aquí, estaba en todas partes. El suelo estaba seco. Tuvimos emisiones de partículas alfa en todas partes”, dijo. Pico do Careca parece registrar una presencia atípica de radioactividad en el suelo, lo que convierte en una explicación plausible la presencia de actividad nuclear.

Al referirse a la calidad del suelo en Pico do Careca, el Dr. Carlos Lima, exalcalde de Praia da Vitoria, dijo que “se llama Pico Careca [pico calvo] por una razón. Conozco a muchos agricultores que intentaron plantar algo allí y no creció nada”, agregando que “en una tierra con un suelo tan fértil como el nuestro, donde sembramos cualquier cosa y todo crece, dudo que no haya sucedido allí algo que acabe con todo lo que se siembra”.

La situación ambiental en la isla fue reconocida oficialmente por primera vez en un informe confidencial de 2003 encargado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Este informe, posteriormente consultado y publicado por el periódico local Diario Insular a través de dos fuentes estadounidenses no identificadas, marca “30 zonas de preocupación” y explica en detalle 17 fugas de combustible ocurridas en diferentes lugares, dentro y fuera de la base, a lo largo de varias décadas. Seis de los escapes se clasificaron con el nivel siete, el más alto en el ranking de gravedad.

En un estudio estadounidense del 2005, también hecho público por el Diario Insular, se identifican 38 áreas separadas donde tanto los suelos como los acuíferos muestran una alta presencia de hidrocarburos y metales pesados, incluyendo plomo y zinc. En respuesta al informe, el gobierno regional de las Azores encargó un estudio que llevó a cabo el Laboratorio Nacional de Ingeniería Civil (LNEC). Esta investigación, que se centró principalmente en los acuíferos y en la calidad del agua, ha sido criticado por locales y expertos por no analizar una serie de sustancias clave, por no ajustar sus valores paramétricos a las ubicaciones contaminadas analizadas, y por no llevar a cabo la descontaminación en ciertos lugares que permanecen sin usar.

Sobre dicho informe, el profesor de la Universidad de las Azores, Félix Rodrigues, señaló lo que según él es una ausencia de leyes nacionales que se ocupen de la contaminación del suelo con respecto a ciertas sustancias. “No tenemos legislación para decir ‘este suelo está contaminado’. Entonces recurrimos a [la legislación pertinente de] Canadá o los Países Bajos”, dijo.

“Tenemos ‘solo’ 50 veces más de lo permitido en las áreas más contaminadas de esos países. Esto es algo muy preocupante”, agregó Rodrigues, una de las voces más activas en la isla que trata de crear conciencia sobre los problemas ambientales.

Existen datos que prueban que los incidentes de cáncer (leucemia y los llamados “cánceres raros”, como cáncer de ojo y cáncer de pulmón para no fumadores), y otras enfermedades y problemas de salud (incluyendo demencia, infertilidad y problemas cardíacos) ocurren en tasas muy elevadas en Terceira, en comparación a las otras ocho islas de las Azores. Esto es especialmente visible en el condado de Praia da Vitoria, donde se encuentra la base aérea. Los registros locales muestran que, aunque Praia da Vitoria comprende alrededor del 8,50 por ciento de la población total de las Azores, en ella se dan el 30 por ciento de ciertos cánceres en todo el archipiélago.

Marcos Fagundes, un residente local, afirma que parece probable que exista un vínculo entre la contaminación en la isla y las tasas más altas de cáncer.

Fagundes es miembro de un movimiento cívico que tiene como objetivo llevar una petición al Parlamento nacional portugués y exigir la descontaminación inmediata de la isla.

Madail Avila, una residente de Praia da Vitoria que se curó de un cáncer de mama y cuyos padres murieron de cáncer, dijo que los registros de esta enfermedad en el condado de Praia da Vitoria parecen inusualmente altos. “Es una coincidencia muy grande que haya tantos casos de cáncer dentro de la misma familia y en la misma área geográfica”, aseguró.

Varios funcionarios estadounidenses se negaron a hacer comentar con Ruptly cada una de las acusaciones hechas por los lugareños. Mediante un comunicado, informaron de que no harían ningún comentario adicional sobre la situación además del comunicado de prensa de los Estados Unidos publicado al final de la última reunión bilateral Portugal-Estados Unidos en diciembre de 2017. En dicho comunicado, mencionan el “estado actual del medio ambiente en la Isla Terceira con respecto a las actividades de los EE. UU. en Lajes Field”. La declaración subraya la intención de los dos países de “monitorear los problemas y alentar a los expertos técnicos a llegar a una conclusión sobre la mejor manera de proceder”. No se han hecho públicas medidas o conclusiones desde que se hizo esta declaración.

Ruptly también contactó con el gobierno portugués pero no recibió ninguna respuesta.

El silencio y el aparente secretismo que rodea el tratamiento del tema por parte de las instituciones públicas y las organizaciones gubernamentales es otra de las razones que aumenta la insatisfacción general y la creciente alarma. El tema parece estar cobrando impulso a medida que se obtiene más información de los documentos considerados “confidenciales”, y los ciudadanos locales, junto con un puñado de académicos y científicos, prometen continuar los esfuerzos para arrojar luz sobre los problemas y acelerar la restauración de la isla.

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